12 junio 2006

Preservador de la muerte

“El mes pasado, con motivo de la Jornada Mundial del Sida, el Vaticano volvió a recordar en un mensaje escrito por el presidente del Consejo Pontificio de la Salud, el cardenal Javier Lozano Barragán, que la epidemia se combate con la castidad” (en El mundo).

Por eso la mejor manera de prevenir los accidentes de tráfico es no subirse al coche; para evitar al cáncer, no fumar, aunque la iglesia no prohíbe fumar, así que nos podemos fumar la vida y morir tranquilos.

En mi sincera opinión, la castidad sólo es buena en el ámbito bélico. Quiero decir que si nadie tocase un arma, éstas no se pondrían cachondas y no orgasmarían muerte por sus orificios, de modo que no habría guerras.

Por suerte, también leo en el mismo artículo citado que hay en la Curia Romana algunos disidentes (¿Disidentes?) que apoyan el tema del preservativo, en concreto el arzobispo de Bruselas: "no se puede poner en el mismo nivel el preservativo como instrumento de control de los nacimientos o como instrumento de defensa contra el virus del sida. En este caso es un mal menor para defenderse de la enfermedad". Pues sí, a ver si “lo legalizan” porque me parece que hay gente que muere porque le han dicho algo así: “pre-ser-va-ti-vo-ca-ca, no-se-to-ca”. Porque la pregunta, la jodida pregunta, es ésta: ¿cuántas personas han muerto y van a morir de SIDA porque les han enseñado que no hay que utilizar el preservativo?

2 comentarios:

Misósofos dijo...

Hombre, hay que reconocer que la castidad tienen un índice del 0% de fracaso en el método, mientras que el del preservativo es algo más elevado...
No obstante, si no asumimos ningún riesgo... ¿Para qué vivir?
Todos a beber y a follar... ¡Que son dos días!

Ed. Expunctor dijo...

Ahí, ahí... Añadamos el fumar y tenemos la tríada vital: vivamos para el disfrute, y luego ya veremos, si no vamos demasiado ciegos al otro mundo, si es que hay, que quizá no, pero tampoco es cuestión de amargarse la existencia con problemas de ultratumba.