09 agosto 2007

Conversación de cola de supermercado

[Haciendo cola en la caja de Carrefur Zaraiche, un chaval de unos treinta años con los ojos rojos espera a que llegue su turno. Dirigiéndose a él, la señora de atrás, de unos sesenta años, comienza una típica conversación de cola de supermercado.]

Señora.- Mira, han abierto esa caja [Señala hacia la izquierda].

Chaval.- [Mira hacia la caja que acaban de abrir, pero ya hay tres clientes haciendo cola. Su turno es el próximo] Bueno, aquí ya queda poco...

[El chaval pone cara de pensar: ¿Qué querrá esta tía, que me vaya a aquella caja? En fin... Pone su compra -un gran macetero de plástico, sustrato vegetal, sustrato de lombriz y cinta verde- sobre la cinta de la caja y se cruza de brazos.]

Señora.- A mí es que me gusta que me atienda esta cajera [Señala a la cajera, una chica morena de pelo ondulado de unos veintitantos años llamada “María Dolores”, según la tarjeta que lleva prendida en el pecho, con las uñas pintadas de blanco y un piercing pequeño y azul oscuro, quizá negro, en la aleta derecha de la nariz], porque me ayuda a echar las botellas en las bolsas.

Chaval.- Claro, eso se agradece...

Señora.- Claro, claro que se agradece.

Por el rabillo del ojo ve a la señora inclinar el macetero y mirar en su interior, donde ve la cinta verde y la coge.]

Señora.- ¿Esto es para las plantas, para atarlas?

Chaval.- Sí, claro... [Se sonríe. Piensa: “Si tú supieras...”]

Señora.- Yo es que ato las plantas con un hilo más fino, pero este se ve mejor...

Chaval.- Sí, sí, más cómodo para atarlas...

Señora.- ...para ir cogiéndolas y encaminarlas hacia arriba.

Chaval.- ...claro, claro. Para que suban mejor...