02 noviembre 2007

Autodenominación

Debido a la incomodidad que su conciencia sentía ante sus antecedentes históricos, empezó a autodenominarse de centro y liberal: ya no sería para el resto del mundo alguien de derechas y conservador, sino de centro y liberal.

Esta capacidad de autodenominación le encantaba, era algo magnífico: incluso le producía un ligero cosquilleo cada vez que podía hacer uso de ella. Cuando alguien lo tildaba de neocon encontraba la ocasión propicia para llamarle ignorante y exponer las teorías que se habían desarrollado para defender su condición de liberal.

La capacidad de autodenominación no se limitaba al marbete político, sino que iba más allá: le permitía atribuirse cualidades de las que no disponía, tal como la autocrítica, y se jactaba, sin que viniese a cuento, de ser alguien que criticaba incluso a los de su partido.

Sin embargo, nunca se caracterizó por tener un discurso brillante, y se veía indefectiblemente abocado a repetir los argumentos que se esgrimían desde su partido, lo que le impulsaba, ineludiblemente, a desembocar en el insulto y la mentira cada vez que tenía un conflicto dialéctico con algún oponente político.

Cuando alguien le reprochaba este punto echaba mano de su capacidad de autodenominación, que era muy productiva, y alegaba que él no insultaba, que él hacía sátiras y parodias, porque él era libre y español y, por tanto, tenía derecho a estar orgulloso de ser lo que era, pero acababa liándose cuando trataba de explicar que era libre porque era español, o sea, que era español y, por tanto, era libre, de modo que tenía libertad para sentirse orgulloso de ser libre, puesto que era español.