25 febrero 2008

Ángel de dos caras y cuatro alas

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Aquel que remonta y que te aplaca, aquel como la libélula, es el ángel de la beatitud. El que efervesce y pugna es el ángel del disfrute lascivo. Acrece éste el placer carnal, colma tu deseo de penetrar por amor en una materia viva y volverla apta para el conocimiento sensual, ansiosa de contacto voluptuoso.

¿No es acaso el ángel quien rescata tu ser recóndito, el preterido? Lo restituye y lo reconoces, esa vulnerada rémora.

[...]

¿Es el ángel compasivo que en lo celeste persevera, o es el ángel de la imagen seminal, de la pasión inmisericorde que troca la pálida potencia de tu espíritu por la vida henchida de sangre, por la víscera ávida, por la posesión devoradora?

[...] ».


Saúl Yurkievich: “¿No es el sueño la sombra del ángel?”,
en Revista de Occidente, nº 294, Noviembre 2005, pp. 145-149.