23 febrero 2008

Precipitarse

Muchas noches nuestra cama
se convierte en precipicio.
La horizontalidad vierte
su ser, y cede su sitio
a la vertical más larga
y a los vértigos más vivos.

Se despeñan sin pensarlo
nuestros cuerpos encendidos,
aferrándose a la carne
que se abrasa entre suspiros.

A menos sueños, ocasos
más vibrantes y más vívidos.

Dormir menos es caer,
precipitarse al vacío;
es fundirse en el descenso,
convertirse en amasijo,
desprenderse de las pieles
y volverse un solo grito
hasta olvidarse del tiempo
y quedarse sin sentido.

Devorados muchas noches
por los labios del abismo,
muchas veces nuestra cama
se convierte en precipicio.