03 abril 2008

Sobre los premios literarios (II)

Sprinters
Ernesto Giménez Caballero

«Los premios literarios tienen su geografía moral. O —por decirlo de otra manera (nietzscheana)— tienen sus morales.

Morales que dicen sí, y morales que dicen no. Positivas y negativas. Según donde se den.

Un premio literario en España, por ejemplo, suele ser siempre algo fatalmente peyorativo. En España, nadie cree en los premios literarios. En Francia, sí; todo el mundo. (Todo el mundo —curioso lector— de Francia). Y eso que los premios literarios que España da —de tarde en tarde—, los da a sus consagrados. Mientras Francia los otorga casi generalmente a sus inéditos, sus nuevos.

España con garantías. Francia, a despecho de ellas.

Y, no obstante —¡ironía grande!—, Francia triunfa con sus premios, y España, con ellos, se subvierte.

¿Por qué la rareza de este fenómeno?

¿Qué secreta ética gobierna el sistema de valores literarios de estos dos países?


* * *

Nos ceñimos a estos dos países en tal confrontación por sumariarla.

Pero se podrían hacer estas breves notas anejas:

En Inglaterra: los premios son para naturalistas y geógrafos.

En Alemania: para científicos.

En Italia: para nadie. (Nadie que valga la pena.)

El Premio Nobel: es el Premio Gordo de una Lotería Gris, color Sociedad de Naciones Literarias. El Premio Nobel no tiene importancia, en último término. Galdós o Grazia Deledda. Es lo mismo.


* * *

La secreta ética que gobierna el sistema de valores literarios en España y en Francia es, sencillamente, una ética de juego.

Con un gran acierto, Guillermo de Torre llamaba a nuestro sistema español de premios: La ruleta literaria.

Con el mismo acierto se podría llamar al francés: Las carreras de medio fondo.

Dos clases de juego: el uno, de azar. El otro, de atletismo.

En efecto: cuando en España se otorga un galardón a la obra de un escritor, o lo hace el Estado o lo hace una Academia Estatal, o un particular por vía también Estatal.

Por contra: en Francia, lo hacen, simplemente, los editores. Los empresarios de concursos atléticos de literatura. Gente del oficio.

De ahí que en España todo libro premiado ostente la faja afortunada del anuncio, como un décimo de lotería, sobre el vientre.

Mientras en Francia, esa misma faja del premio resulta como el número pegado al jersey de un starter vencedor. No es accidental que los editores franceses llamen a sus luchadores de premios sus poulains, con término deportivo. [...]»

Ernesto Giménez Caballero
(Revista de Occidente, nº 55, Enero 1928, pp. 121-123)

2 comentarios:

Nuevo Icaro dijo...

Así está el país, ruleta literaria es
muy interesante esta teoría y la verdad, siempre me ha gustado leer pero en los últimos años me había apartado demasiado de la literatura y
este tema me resultaba desconocido.
Gracias por abrir esa pequeña ventana.

Ed. Expunctor dijo...

De nada, hombre. Es que me ha dado por poner opiniones de escritores sobre los premios literarios, de todo un poco. Lo que no consigo localizar es el texto de Guillermo de Torre en el que éste habla de la ruleta literaria, y tiene que ser muy interesante...