17 septiembre 2008

Un mirón en La Torre de la Horadada

El domingo pasado, como llevaba despierto desde las siete y poco de la mañana, me bajé a las rocas que separan la playa de ‘La Lombriz’ de la playa de al lado a eso de las nueve y pico, en La Torre de la Horadada. Ambas playas estaban casi desiertas, interrumpida su soledad únicamente por mí, por cuatro guiris que se bañaban en ‘La Lombriz’ y un tipo solitario que estaba de pie al final de la playa de al lado.

No le di importancia ninguna y seguí a lo mío: la contemplación de la luz del sol incidiendo sobre el agua del mar, algo parecido a esto:

pero que nada tenía que ver con eso, porque había murmullo de olas rompiéndose sobre las rocas, olor a mar y movimiento de agua y de viento, y calor y brisa corriendo.

Por el rabillo del ojo advertí que el tipo solitario hacía cosas raras. Con cosas raras quiero decir andar unos metros y volver a su posición de origen, girando su cabeza hacia el interior de la playa. Fue entonces cuando me fijé y observé que, además del tipo solitario, había sobre la arena de la playa, tumbada, una chavala. Este hecho me distrajo de mi contemplación marítimo-solar y centró mi atención, de modo que, en vez de mirar cómo la luz del sol se diseminaba sobre la piel del mar, me dediqué a observar el comportamiento de ese tipo, un comportamiento que se dividió en cuatro fases:

1. Disimular. En un primer momento, el tipo se dedica a hacer algo parecido a lo que yo hacía: mirar el mar, mientras pasea a lo largo de veinte metros de playa, girando a menudo la cabeza hacia el interior de la playa, hacia la arena, precisamente hacia el lugar donde tomaba el sol la chavala. Anduvo el tipo por delante y por detrás, en círculos alrededor de la chavala, dejando una distancia prudencial de unos cinco o diez metros, hasta que finalmente se sentó en unas escaleras que conducen a una casa de esas antiguas que tienen su propia escalera para bajar a la playa.

2. Mirar. Sin embargo, no era el mar lo que miraba, sino a la chavala:


3. Ocultarse. Entre las escaleras de marras y el barranco hay un espacio que queda prácticamente oculto a la vista, y que no es fácil de ver, porque la vegetación —una especie de hierba carnosa— lo disimula muy bien. En ese hueco desapareció el tipo durante unos minutos. Yo no sé si decir lo que creo que estaba haciendo.

4. Fotografiar. Finalizado su ocultamiento, salió de nuevo a la arena de la playa. Rodeó otra vez a la chavala, se dirigió a la orilla de la playa y, desde allí, situado frente a la chavala, me pareció ver que le hacía unas cuantas fotos al tiempo que, lentamente, se alejaba:

Y yo creo que la chavala ni se dio cuenta, o se dio cuenta pero le dio miedo increpar al tipo. Yo, además de para fotografiar el comportamiento de esta especie playera llamada mirón, me quedé sentado sobre las rocas hasta que el tipo se fue, por si acaso, aunque suponía que no se le ocurriría pasar de la visión a la acción, si bien es cierto que algo de acción solitaria sí que pareció ejercer sobre sí mismo en aquel hueco entre las escaleras y el barranco.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que hay muchos tipos de mirones...
Y muchos tipos de observadores...
Y solo un tipo de los que se integran..en el momento y realidad.(no se si se me entiende sin acentos,XDDDDD:)
-=+

Ed. Expunctor dijo...

Mem, da igual que pongas tildes o no: eso es lo de menos.
Creo fervientemente que aunque las pusieras seguiríamos sin entenderte.
#=O0oo

Dekow dijo...

Pues he de decirte que en esa misma playa, hace años, un tipo (no sé si será el mismo), hizo exactamente lo mismo con mi hermana mientras hacía topless, pero en el lado más cercano a la lombriz, junto a las escaleras del lavapiés. El tipejo llegó a empezar a masturbarse, momento en el que mi hermana y su amiga le empezaron a increpar y la gente del otro extremo de la cala empezó a mirar hacia el lugar de donde provenían los gritos de "¡Puto pervertido!" y otras lindezas...

Yo he de reconocer que esa playa ha sido en la que más he ejercido el voyeurismo, del inocuo y hormonal, desde una casa abandonada con terraza mirando a la cala... (Tiene acceso libre -o tenía hace 4 años-.) Para que tengas un pasatiempo en tu próxima visita.

Gracias por traerme estos regalos desde La Torre.

Ed. Expunctor dijo...

Por la zona hay un viejete famoso por su afición al voyerismo. Una vez lo vieron subido en la terraza del 'Esqueleto' que estaba a medio construir -el único que tenía ya la estructura cubierta con ladrillos- con unos prismáticos y mirando hacia la playa de Las Mil Palmeras.

La casa que dices, si es la que supongo (¿la única desde la que se puede ver la cala? ¿La que tiene un pequeño mirador cubierto?), no está abandonada. Tiene épocas, pero de vez en cuando hay gente.

Salud!

Dekow dijo...

Jejejeje... Pues no, no era esa, y mirando en GoogleMaps acabo de descubrir que han derruido la casa, pero queda aún la baldosa roja de la terraza. Es la segunda casa de esa cala, entrando desde la del Gato (Pasando el rinconcito oculto-lugarmagrealiguesdeverano con escaleras).

Ed. Expunctor dijo...

Vale, ya sé qué casa dices.
Desde la calle no se ve qué están haciendo. Se me ocurre que si la han tirado no deberían poder levantar otra casa... Quizá por eso han levantado una valla bastante alta.