01 octubre 2009

Ojos que no vieron, pero ojos que ven

Ese desasosiego del cuerpo,
esa laxitud de los músculos
que corroe caníbal tus tendones y te desarma
y te deja con los brazos caídos
y la mandíbula batiente
-rabia viva, pura furia-.

Y todo ello, cortesía del conocimiento.

El conocimiento provoca en el organismo unos temblores, unas transformaciones... Cuando conocemos algo el mundo cambia, pero ese algo que modifica nuestra visión del mundo y nuestra sensación de estar en el mundo es un algo que es importante para nosotros. Conforme vamos conociendo, vamos cambiando. Ya no hay ojos que no vean ni cuerpo que no sienta, porque los ojos ven, y la visión produce una modificación del cuerpo y de su actitud en el mundo.

Ver es desilusionarse, es agonizarse, es endurecerse. Ya vemos y somos reales agonistas ailusos y curtidos. Como sabemos a qué atenernos pero desconocemos a qué se atienen los otros, sospechamos, y a través de las sospechas descubrimos las ranuras, los intersticios por los que resplandece, pura, dura, despiadada, virginal y corrompida, bella y sublime, dulce y terrorífica, la realidad.

2 comentarios:

Arenas dijo...

Entonces, mejor ver o ¿practicar la ceguera?
¿Ser y practicar la locura?
Nunca alcanzaremos la comprensión absoluta, no estamos hechos de esa carne...
Por eso, siempre la duda.
Dureza, realidad y verdad no tienen que ser iguales a belleza, ¿no crees?
Besos desde la agonía, ;-)

Ed. Expunctor dijo...

No se puede elegir. Una vez que ves, puedes distraerte, si acaso, haciéndote el ciego...

Locos son sólo los ciegos, y qué locos...

Si no la alcanzamos, es precisamente por eso, porque sólo estamos hechos de carne.

Por eso, siempre la duda.

La belleza, en el arte y en la naturaleza...

Besos desde una nube, ¿o era una nave? ;)*