17 noviembre 2009

Costumbre

Se había acostumbrado hasta tal punto a la geografía de sus rejas que le producía vértigo la posibilidad de ser libre, por eso el día en que le abrieron la jaula empezó a morir de hambre, porque ya nadie volvió a dejarle comida, y él era incapaz de atravesar aquella puerta abierta.