18 octubre 2010

Al grano

En fin, qué más podríamos añadir que no se haya dicho al respecto. Poco, sin duda. En cualquier caso, es evidente que no por ello debemos dejar de mencionar dos o tres aspectos, cuatro a lo sumo, que no hay que dejar pasar desapercibidos en orden a hacer justicia al asunto de que tratamos, que no es otro sino el que nos ha reunido hoy aquí, pues si por él no fuera no estaríamos juntos en esta ocasión tan especial, que tampoco lo sería de no ser por él, porque si él no fuera, nada de esto sería, y ya se sabe que el primero es condición necesaria para el segundo, y que el segundo antecede al tercero, y yo, que vivo en un quinto, antecedo al del sexto pero no al del cuarto, que a su vez me precede a mí, una evidencia por lo demás irrelevante, dado que pagamos exactamente lo mismo de comunidad, no así los del ático, que tienen unos pisos más grandes y consecuentemente pagan más, y a propósito de lo consecuente, yo no sé si ustedes han advertido que la consecuencia del asunto que nos ha reunido hoy aquí es nuestra efectiva presencia en torno a esta tumba donde descansan en paz los restos del decir las cosas como son y a la cara, un asunto del que casi todo se ha dicho pero que, sin embargo, nunca se hace, y así nos pasamos la vida dando vueltas y rodeando la cuestión concreta por no mencionarla directamente ya que, bueno, tampoco hay una necesidad perentoria de afrontarla de una forma radical, de ir al grano, o sí, la lástima es que sí, que si no lo afrontamos sin rodeos ni circunloquios se va a seguir escabullendo y escurriendo y deslizando y va a seguir horadando las costuras, y digo costuras como metáfora, por no mencionar el asunto en cuestión, o la cuestión en concreto, no voy ahora a cometer la incongruencia de decir de qué se trata, ¿o acaso ustedes se atreven siquiera a afirmar que lo saben?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén.

Ed. Expunctor dijo...

Bien, esa afirmación bisílaba es un extremo que tampoco podemos confirmar sin más preámbulos y sin llevar a cabo consultas y debates acerca de la pertinencia de dar por finalizada cualquier aserción -por fúnebres y mórbidas que sean las circunstancias en que se haya realizado- sin proceder previamente a un minucioso examen de la posibilidad cierta en mayor grado de que, efectivamente, la aserción sea cierta y, siéndolo, también sea completa, lo cual nos lleva a preguntarnos, señores, acerca de la posibilidad de la realización de tal acontecimiento, y no nos queda más respuesta que una negativa, aun cuando la propia respuesta sea, por definición, provisional y sujeta, por supuesto, a los principios que acabamos de exponer y, en tanto incompleta, incierta, y en tanto que incierta, imposible, pero aquel de ustedes que tenga la más remota idea del asunto que estamos tratando que tire la primera piedra.

llueve rocío... dijo...

Estás hablando de eso, yo me he dado cuenta desde el primer momento.

Tienes un don para marear la perdiz sin decir nada (y encima soltar un tocho) xD

Ed. Expunctor dijo...

Efectivamente, estamos hablando de eso, pero ¿qué es eso? Porque la respuesta inmediata, la que primero se nos viene a la lengua, es la siguiente: un pronombre. Y no es que no sea cierta la respuesta, pero yo también soy un pronombre, al igual que tú y que ellos, pues en esencia somos todos reductibles a meros pronombres, lo cual no dice mucho a favor de nuestra esencia, sino todo lo contrario, pues deja en evidencia su fugacidad, su frugalidad, su banalidad, de ahí que nos inclinemos fervientemente por nuestra existencia: firme, innegable, ciertamente transitoria y finita pero por eso mismo valiosa e importante, pero sólo para nosotros y nuestros seres queridos, pues nosotros y nuestros seres queridos somos los que nos hemos reunido hoy aquí en torno a la mencionada tumba, pero he de reconocer, lleno de pesar, que no traje flores, de modo que será preferible dejar que las lápidas descansen en paz e irnos a tomar un café, porque monedas sí traje, y traje también, aun cuando esté en contra de la ropa, o más concretamente de los procesos por los que la ropa nos llega a nosotros, pues para que nos compremos cualquier prendar -¡cualquiera!- han sido explotadas y están siendo esclavizadas imagínense cuántas personas, aunque no, no se lo imaginan, porque me temo, o me huelo, o intuyo, o supongo, que siguen sin saber ni remótamente de qué estamos hablando; es más, tan seguro estoy de que no lo saben que estoy dispuesto a invitar a ese café a quien lo sepa y, sobre todo, demuestre que lo sabe, pues una cosa es saber y otra muy distinta demostrar que se sabe: ya sabemos que hay mucha gente que afirma saber pero que no es capaz de poner de manifiesto ese saber que alega poseer, de donde no nos queda más remedio que considerar la prueba del saber como conditio sine qua non para el café.

llueve rocío... dijo...

Podría afirma que sé de hablas, porque me gustaría (o me gusta) pensar que no hablas por hablar. Y no será porque no haya gente que hable por hablar y se pase el día moviendo los labios sin decir nada, sino porque de alguna forma pensé que tu querías decirme algo.
En cambio, por otra parte, y de ahí mi respuesta a tu pregunta que no es más que una sugerencia, en su caso, no del todo directa hacia mi persona, sino a mi como individuo (o mejor dicho como individua), como ser humano o ente cibernético si lo prefieres (si lo prefieres tú, que a mi me gusta más llamarme al menos “persona), te diría que no.
Que lo he pensado y no.
Y no porque no crea que no vaya conmigo la cosa (que si), porque al final todo va con todos porque en este mundo uno no puede ser uno si no es en cierta forma con los demás, porque uno solo a ver que hace… No puede ni jugar a las damas.

No me gustaría irme sin decir que me parece muy bien que usted lleve traje y no porque me gusten los trajes especialmente, sino porque en el bolsillo del traje supongo que es donde trajiste también el dinero para el café, que a su vez, junto con café, comparten ese común denominador de explotación. Presupongo y supongo a su vez, que ya sabe usted a que me refiero, claro está que siempre quedará comprar café en el lugar adecuado si no quiere uno verse involucrado en esa espiral de mierda de la que es difícil salir, ya de dicho todo sea, que decir mierda no me parece lo más oportuno en estas circunstancias pero tenía algo de prisa y no puedo entretenerme más, ni explicarle de otra forma lo que no podría decirle de ninguna.

Dicho sea de paso, me veo obligada moralmente y a su vez coaccionada por ese reloj que me marca la hora a cada instante, a abandonar esta conversación no sin desearle suerte, y aconsejándole que en la próxima reunión se lleve una caja de bombones y festejen lo que puedan (mientras les quede tiempo). Las cosas seguirán siendo amargas pero al menos se irán con buen sabor de boca.

llueve rocío... dijo...

no me digas que lo he copido tres veces (pocas son) jajaja
La culpa es de tu blog, que está atontao...


P.d. borra sin piedad

Arenas dijo...

Hela aquí mismo, intrínsecamente,la prueba del saber, pues tanto en el título como en el propio texto reside: "yo no sé si ustedes han advertido que la consecuencia del asunto que nos ha reunido hoy aquí es nuestra efectiva presencia en torno a esta tumba donde descansan en paz los restos del decir las cosas como son y a la cara".
Parece que me debes un café.
;-)

Ed. Expunctor dijo...

-->Rocío: Ciertamente, usted podría afirmar no sólo eso sino muchas otras cosas, de la misma manera que yo afirmo, me reafirmo y, con las mismas, me desdigo de lo dicho y afirmado, pero la cuestión de que tratamos no la menciona usted, de donde deducimos que, aun siendo posible que lo sepa, no deja constancia de la prueba de su saber en cuanto al asunto en concreto, y a propósito de las concreciones hemos de señalar que, efectivamente, en particular un ser humano es singular, siempre distinto de otros seres humanos, pues siendo iguales serían lo mismo, es decir, nada más allá de la mera repetición, no ya de individuos, sino de conceptos, pero los conceptos sólo tienen existencia en nuestras mentes, dado que no forman en absoluto parte de la realidad en la que nos desenvolvemos: un café no es un concepto, de la misma manera que yo tampoco lo soy; que serlo, podría serlo, pero del mismo modo que el concepto de 'ser humano', en cuyo caso habría que recurrir a lo que Diógenes le mostró a Platón cuando éste definió al hombre como “bípedo implume”: Diógenes Laercio puso ante Platón un pollo desplumado y le dijo: “He ahí a tu hombre”, donde dejó en evidencia la falacia que implica, supone y perpetua el idealismo. Como usted puede ver, normalmente no hablo por hablar, pero podría hacerlo, sin duda, explotando mis capacidades discursivas y metalingüísticas, para aprovechar de esta forma una mayor potencialidad en lo que a hablar por hablar se refiere, diciendo que digo lo que digo pero que, por lo mismo, podría decir lo que no digo o no decir lo que digo, autorreferenciando mi discurso a sí mismo y convirtiéndolo en un resonador de ecos destinado a horadar tímpanos y aburrir cerebros, pero, eso sí, siempre bien vestido y trajeado, el discurso, digo, yo no suelo, y sin suelo ya se sabe lo que pasa: que caemos, aunque no necesariamente, pues también podríamos flotar: podemos flotar, y esto es un puro decir aquí, en la tierra, pues ya sabemos que dicho mero decir se convierte en una total realidad si nos vamos a la Luna o a cualquier otro lugar sin gravedad, pues no habiendo gravedad todo es levedad, y la levedad del ser es la más grande, pues el ser, como tal, es un concepto, y me remito al ejemplo de Diógenes. En cualquier caso, me inclino más por los bombones que por el ser: los bombones me encantan, a diferencia del ser, que me esclaviza, precisamente por ser, valga la redundancia, un mero concepto, una pura idea: frente a la idea, la realidad material de los bombones, que no cambiarán la amargura de ciertas cosas pero que, en la medida en que me alimentan, me permiten seguir viviendo y, consecuentemente, por opción personal, evitar las cosas amargas y, de una patada, mandarlas tan lejos que ni siquiera me llegue su aroma.

Ed. Expunctor dijo...

-->Arenas: Efectivamente, el asunto de que tratamos no era otro que, como muy bien has leído, ir al grano: decir las cosas directamente y sin rodeos, sin perífrasis, ni eufemismos ni circunloquios. Fue la muerte del decir las cosas de esta manera la que nos congregó en torno a esta tumba que, puede estar usted segura, día a día seguimos profanando con todas nuestras fuerzas y nuestras palas. El café, por supuesto, cuando usted quiera, guste y/o desee, a ser posible por la tarde/noche, aun cuando esto no es una condición, sino una opción, pues, no sé por qué extraños motivos, los cafés de la tarde saben mejor que los de la mañana, aunque hay algunos cafés mañaneros que saben mejor que los de la noche. Quizá sea cuestión de elegir una cafetería donde sirvan un buen café, pues hay ciertos bares donde el café parece estar hecho sin ganas, y las ganas son unos ingredientes fundamentales en cualquier tipo de alimento o bebida que se prepare. Le comunico asimismo que, incluso, puedo pasar a recogerla sin ningún género de problemas, es decir, sin problemas masculinos ni femeninos, siendo yo, como es, pronombre personal de primera persona de singular sin género, de ahí la ausencia de problemas al respecto, y dicha ausencia es altamente gratificante y, ante todo, económica: una cuestión pura y dura de economía lingüística, ya que dotar al pronombre personal de género, como le ocurre a todos los que no son de primera y segunda persona de singular, es una desvergüenza microeconómica y una mortificación para las formas de los verbos, cuando la pregunta que cabe hacerse entonces es que qué culpa tendrán los verbos, pero sobre todo hemos de allegar la reflexión siguiente: ¿acaso le importa a los verbos que los pronombres personales tengan o no problemas de género? Desde luego que no, pues los verbos, como sabemos (¡como sabemos!) no necesitan de los pronombres para nada, al menos nuestros verbos, los españoles, que tienen una autonomía y una economía..., y todo gracias a la acumulación de desinencias que concurren en sus diversas formas.
En fin, y volviendo al asunto de que tratamos, la emplazo a usted para que me comunique cuándo y dónde desea que la invitación se haga efectiva.

Ed. Expunctor dijo...

Al grano... ¡Al grano de café!!! XDDD