25 diciembre 2010

El flujo de la delectación cerebral

Queridos hermanos en la certeza atea:

Se conmemora hoy en la sociedad civil (¿¡!?) que el año 350 de la era cristiana los cristianos celebraron por primera vez la navidad en Roma (ya situáis la fecha, y el Emperador por entonces recientemente fallecido, que legalizó la religión cristiana con el Edicto de Milán y le otorgó legitimidad con el Primer Concilio de Nicea: Constantino, el primer emperador cristiano; y quizá también conozcáis la famosa "Donación de Constantino", un documento falso que la iglesia católica se inventó en el siglo VIII y que... Bueno, si no la conocéis deberíais buscar información al respecto. Vais a flipar...)*.

Yo, sin embargo, en vez de recordar una ficción literaria que se ha aberronchado en la realidad, prefiero que deleitemos nuestros sentidos con una ficción pictórica: las ilustraciones de Édouard-Henri Avril, pintor francés especializado en dibujo erótico que elaboró toda una serie de pinturas para ilustrar diversas obras, entre ellas los conocidos Sonetos lujuriosos de Aretino, Fanny Hill de Cleland y el Manual de erotología clásica de Forberg, pues frente a la teología, que no se puede considerar ciencia por más que el diccionario de la Academia se emperre en repetir esa definición (“Ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones”, dicen los académicos) desde el siglo XVIII, cuando recoge el término por primera vez en su Diccionario de Autoridades, contradiciéndose de una manera radical al definir teología en esos términos y ciencia en los siguientes: “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”, como si se pudiera hacer ciencia de dios. Vemos, así, una influencia bestial (en sentido literal) del pensamiento religioso en la lexicología y semántica practicadas por quienes se supone que sí deben ser científicos, esto es, los académicos de la RAE.

Decía que frente a la teología, que no es sino ciencia-ficción, la erotología sí es una ciencia: el ser humano puede disponer, procurándoselos él mismo, de un conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, máxime cuando en esa observación participa activamente con la totalidad de su cuerpo, unas prácticas de las que extrae una teoría, es decir, un conjunto de conocimientos, cuya única finalidad consiste en ser llevados a la práctica: podemos ficcionalizarlos y elaborar relatos y pinturas como las que siguen, pero nos interesan, sobre todo, para provocar y obtener placer, y cuanto mayor sea el dominio de esta teoría-práctica y, consecuentemente, la ejecución de la praxis, mayor será el placer. En este punto, no lo olviden, es esencial el quid pro quo, el do ut des.

Sin más dilación, pasemos a deleitar nuestro cerebro, a través de nuestro sentido de la vista, con las ilustraciones de Paul Avril, pues no se deleita sólo la vista, sino el cerebro entero: al ver las imágenes tocamos, olemos, vemos, oímos, gustamos; nos integramos de una manera completa en la ficción y, durante unos momentos, estamos ahí dentro, somos los personajes, todos los personajes, y una avalancha de sensaciones nos inunda el cerebro, que, consecuentemente, se deleita. Esa delectación cerebral, si la dejamos fluir, tiene manifestaciones físicas evidentes en nuestros cuerpos, que son entonces los cuerpos de los personajes.

Ilustraciones del Manual de erotología clásica:



Ilustración de los Sonetos lujuriosos:


Ilustración de Fanny Hill:


El resto de ilustraciones se pueden ver en Wikimedia Commons, donde están todas las que faltan de esas tres series. Feliz delectación cerebral.
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*Claro que no... Lo que se conmemora no es que hace 350 años se celebrase por primera vez la navidad, sino la navidad misma: el nacimiento del hijo del dios cristiano, que, evidentemente, nunca ocurrió, pues se trata de un hecho ficcional que se encuentra en los relatos que conforman la mitología cristiana; un hecho ficcional que, sin embargo, necesitaba ser considerado como real para la instauración del sistema religioso cristiano, de la misma manera que en su momento fueron consideraros reales dioses como Anubis, Zeus o Ahura Mazda. Para quien no lo sepa, Ahura Mazda es el dios de la religión zoroástrica, es decir, el dios al que rendían culto los famosos Reyes Magos, que eran zoroástricos, una religión que todavía se practica en algunas zonas de Irán, Pakistán e India, y que también tenía su demonio, llamado Angra Mainyu, y así nos encontramos con que esta religión tiene un dios y un demonio, entre otras tantas similitudes que guarda con el cristianismo, que surgiría mucho después. Zaratustra, o Zoroastro, fue una de las figuras a cuya imagen y semejanza se construyó la figura de Jesucristo, pero Zaratustra está datado unos cuantos años antes: se le sitúa entre el año mil y el siglo VI antes de Jesucristo.