31 enero 2011

Tetradracma

Paseaba un día por una montaña ateniense y le pareció ver un canto de metal sobresaliendo de la tierra. Con cuidado, sabedor de que en ocasiones se encontraban objetos valiosos de antiguas civilizaciones, escarbó con sus dedos y desenterró lo que a todas luces era una moneda. Con el filo de su uña le quitó la tierra incrustada y con su cantimplora le echó agua para limpiarla, de modo que ante su vista quedó la moneda, algo desgastada por el paso del tiempo. Sin duda era griega: allí se veía, en la cara que tenía a la vista, donde estaba esculpida en relieve la lechuza. Un tetradracma. Si un dracma eran seis óbolos, pensó, ¿un tetradracam serían veinticuatro óbolos? ¿Los tetradracmas eran de oro o de plata? Serían de plata, porque esto no es oro. Al darle la vuelta a la moneda casi le da un infarto, porque allí no estaba la cara de Atenea, sino una inscripción en la que podía leerse, en griego antiguo: “Siglo III antes de Dios”. En un instante se le agolparon los síntomas físicos: aceleración del pulso, sudores fríos, taquitardia. Por unos segundos se le nubló la vista. Se restregó los ojos y volvió a leer: “Siglo III antes de Dios”.

En un primer momento se sintió confuso, casi abatido, porque tal inscripción tiraba por tierra su completa certeza en la inexistencia de cualquier deidad más allá del puro concepto y de la mera idea, porque no ponía “antes de Cristo”, sino “antes de Dios”, pero en seguida, tras fruncir el ceño, respiró aliviado, porque el hecho de que la moneda fuera del siglo III antes de Dios quería decir que el tal Dios no era eterno, que había habido muchas cosas antes que él y, por tanto, no podía ser un dios en condiciones, un dios que se sustentase y no se derrumbase ante el poder de la razón, de modo que Dios seguía sin existir.

Poco después, mientras vendía la moneda a un anticuario por un precio desorbitado, pensó otras cosas y se divirtió mucho imaginando al artesano acuñador que tuvo la ocurrencia de gastar semejante broma.

4 comentarios:

Arenas dijo...

;-) Si está claro, como dice Douglas Adams:
[...]"y como ya está perfectamente demostrado que todos los dioses conocidos cobraron existencia unas tres millonésimas de segundo después del inicio del universo y no la semana anterior, como ellos mismos solían afirmar, ahora, tal como están las cosas, tienen mucho que explicar y, por consiguiente, de momento no están en condiciones de comentar asuntos de física profunda".
"Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva", Anagrama,Barcelona, 1994.

;-))

Ed. Expunctor dijo...

Efectivamente... Y precisamente es al origen del universo donde se aferran las religiones, ahí agarradas con las puntas de los dedos porque es el único resquicio que les queda para mantenerse. Y no vamos a decir que lo religioso está en la esencia del hombre, porque no es así: lo religioso está en el origen ignorante del hombre, hace unos cuantos miles y miles de años. En el estado actual de evolución y conocimiento lo religioso se muestra como un anacronismo primitivo que responde a una falta de lógica y razón aplastante, pero la fuerza de la costumbre y la repetición del discurso se clava de tal manera en los cerebros que éstos hasta están dispuestos a creer en sucesos paranormales (reencarnaciones, resurrecciones, partos virginales, transustanciaciones, etceteraciones) que atentan contra la física más elemental: sucesos que se pueden inventar pero que, evidentemente, no ocurren.
8D*

Arenas dijo...

Respecto al origen del universo, creo recordar que Stephen Hawking en su último libro explica la imposibilidad de un dios creador del universo. Por lo menos eso es lo que leí en una noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/09/02/ciencia/1283415274.html

Curiosamente, parece que antes de esto no descartaba lo otro...;-)

Ed. Expunctor dijo...

Sí, yo también lo leí. En cuanto a que creyese en la posibilidad de Dios, hay que llevar cuidado con las interpretaciones que ciertos medios hacen de su obra: hay que ver exactamente en qué términos se pronunció, porque muchos científicos, como hizo Einstein, hablan de dios en un sentido no sobrenatural, que es el mantenido por las religiones, pero como mentan el nombre 'dios' el discurso religioso rápidamente se los apropia y los suma a su lista de creyentes.

Cito a Dawkins:

"El dramático (¿o fue malicioso?) final del libro A Brief History of Time (Una Breve Historia
del Tiempo) de Stephen Hawkings: “Para entonces nosotros deberíamos conocer la mente de Dios”, es notoriamente malinterpretado. Ha conducido a gente a pensar, erróneamente, por supuesto, que Hawkings es un hombre religioso. La bióloga celular Ursula Goodenough, en The Sacred Depths of Nature (Las Profundidades Sagradas de la Naturaleza), suena más religiosa que Hawkins o Einstein. Ella adora las iglesias, mezquitas, sinagogas y templos, y numerosos pasajes de su libro justamente ruegan ser tomados fuera de contexto y usados como munición por la religión sobrenatural. Ella va tan lejos como hasta llamarse a sí misma una “Religiosa Naturalista”.
Aún así, una cuidadosa lectura de su libro demuestra que ella es tan tozudamente atea como yo.
[...] Los grandes científicos de nuestro tiempo que suenan como religiosos usualmente resultan
no serlo cuando uno examina sus creencias más profundamente. Esto es completamente cierto en el caso de Einstein y Hawkings.
[...]
Una de las expresiones de Einstein más ansiosamente citadas es: “La ciencia sin religión es minusválida, la religión sin la ciencia es ciega”. Pero Einstein también dijo:

"Fue, por supuesto, una mentira que usted leyó sobre mis convicciones religiosas,
una mentira que está siendo sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y
nunca lo he negado sino que lo he expresado claramente. Si algo está en mí que pueda ser llamado religioso entonces es la ilimitada admiración por la estructura del mundo hasta donde nuestra ciencia puede revelarla"."