23 febrero 2011

Sol & Flamenco

Desde que salí de casa, el sol se empeñó en perseguirme por todos los recovecos de la ciudad. Durante mi trayectoria en metro fue tanta la intensidad con que me iluminaba que me vi obligado a bajarme cuatro paradas antes de mi destino. Anjos. Pero allí no había ningún ángel, sólo sol, inclemente, despiadado. Me quité la chaqueta tras andar unos metros por la Rua Almirante Reis. ¡Me quité la chaqueta! Bajé hacia Intendente y, poco después de pasar la boca de metro, crucé la calle para tomar un café a la sombra: tanta era la potencia solar que ya ni ganas tenía de tomar un café al sol, sino todo lo contrario.

(Rua Almirante Reis)

Ante la disyuntiva de seguir hacia Martim Moniz y continuar andando o volver al subsuelo, y tras consultarlo con mi estómago, me sumergí en la tierra y me tragó el gusano de hierro, del que conseguí salir a la altura de Baixa-Chiado, donde encontré un restaurante en el que asesinar por unas horas los rugidos de mi barriga.

Después de dos cafés con leche (el primero me lo tomé en la terraza del quiosco de la Praça de Camões: lo pedí y, cuando fui a sentarme, no había ninguna mesa libre, pero antes de ir a pedirlo había dos, así que, no estando dispuesto a tomarme el café sentado en un banco sin respaldo, le pregunté en portugués a una señora si le importaba que me sentase en su mesa: "Eh..., eh..., está ocupado, estoy esperando a alguien", me respondió en madrileño. En la mesa de al lado había un tipo y le pregunté lo mismo, y él sí estaba solo, así que me senté, y mientras me sentaba pude ver que trataba de ocultar el porro que se estaba haciendo mientras simulaba leer el periódico.

(Intermezzo, en Rua Garrett)

El segundo café cayó tres cuartos de hora después, en la terraza de Intermezzo, junto a Fábula, dos bares muy chulos que hay escondidos en el patio interior de unos edificios, en Rua Garrett, me lo sirvieron en un vaso más alto que el libro que estaba leyendo -Soy leyenda, de Richard Matheson- y ancho como una botella de agua de litro y medio: aquello no era uma meia de leite, sino una entera... Con estos dos cafés me leí el libro, pero en el desplazamiento entre café y café me compré, porque pasé por delante de una librería, A felicidade no crime, de Barbey D'Aurevilly), me dirigí a este palacio:

(Palácio de Foz; la foto es de otro día, de los nublados, no como hoy, solariento a rabiar)

En este palacio hay techos hechos para provocar tortícolis o para incitar a la gente a acostarse en el suelo y contemplarlos. Techos como éste:


Y en la sala donde está ese techo, llamada Sala dos Espelhos por estar llena de espejos (me recordó la casa de una gitana que salió en Callejeros, que tenía todas las paredes llenas de espejos) asistí al Recital de Canto e Guitarra Poesia das Três Culturas, organizado por el Instituto Cervantes*. Curro Piñana interpretó poemas místicos de Juan de Yepes Álvarez a.k.a. 'San Juan de la Cruz', Abū Bakr Muhammad Alī Ibn al-'Arabi y Šelomoh ben Yehudah ibn Gabirol, acompañado por la guitarra de Francisco Tornero, por lo que me encontré otra vez en Murcia: de allí es Ibn al-'Arabi, de Cartagena es Piñana y de Albacete es Tornero. Y aunque el reflejo de las inmensas lámparas en los espejos parecía un vulgar simulacro del sol que me había acompañado todo el día, tuve que contener las ganas que la palma de mi mano derecha tenía de empezar a pegarle a la palma de mi mano izquierda al compás del cante y de la guitarra.

(Piñana y Tornero)

En cualquier caso, quiero dejar constancia de que el concierto se puso realmente bien a partir de la mitad, cuando se levantó y se fue la señora que tenía en la fila de delante a la izquierda, lo que fue aprovechado por la señora que tenía justo delante -ataviada con un matojo de pelo rojo tirando a fucsia-, que se cambió de asiento y, por fin, pude ver al cantaor y al guitarrista, porque hasta entonces apenas los había visto más que de refilón entre matojos de pelo...

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*Programa:
- Noche oscura (Taranta)
- Llama de amor viva (Vedial)
- El Conde Niño (Bulería) [en el programa de mano del Instituto Cervantes pone "Buleria", sin la tilde. Ejem, ejem.]
- Llévame a los viñedos (Tangos del Piyayo)
- De amor enfermo (Malagueña y Verdial)
- Janukká (Tientos-Tangos)
- Mi amor es siempre nuevo (Petenera)
- La religión del amor (Alboreá)
- El rayo oriental (Tientos)
- ¿Dónde están? (Cartageneras)

3 comentarios:

gaia07 dijo...

Ahora entiendo lo del techo con la panorámica del matojo, claro que el palmeo le hubiera quitado protagonismo.
Pasear, quitarte la chaqueta, pedir asiento, libros y recital , se de Lisboa y aunque el resto lo imagino, afirmo que fueron las decisiones más sabias que podías tomar en un día de película.

Arenas dijo...

¡Oye! Pues, ¿tú no te quejabas de que no había sol en Lisboa? Si ayer tuviste sol y flamenco te sentirías como en casa..¿no?
Besos

Ed. Expunctor dijo...

--> Arenas, yo me quejaba de que no se le veían los rayos al sol, y ahora me quejo de que se le ven demasiado. Hace un rato he salido a la puerta de la biblioteca a tomarme un café y fumarme un cigarro y al cabo de cinco minutos ya me creía vampiro y tenía la imperiosa necesidad de apurar el café y el cigarro para meterme dentro, porque el sol, crüel y sin concesiones, quemaba a fuego, y a pesar de las gafas de sol, que es la segunda vez que las utilizo desde que llegué a Lisboa allá por noviembre... :D*

--> Gaia, tuve que conformarme que palmear con las yemas de los dedos pulgar, índice y corazón de las manos. Lo que comunmente se conoce como "yemear", XDD.