09 abril 2011

El miedo a las mujeres...

«[…] al final nos daremos cuenta de que la represión de la mujer en la historia, el ocultamiento de su protagonismo, forma parte de los errores, tópicos y obcecaciones de la humanidad y también de la ciencia.

Entre los arquetipos femeninos sin duda la bruja es de los más importantes. Personaje ligado al mal desde tiempos inmemoriales, la bruja tuvo en nuestra civilización cristiana occidental un protagonismo y una interpretación muy singular en los años finales de la Edad Media. Hasta entonces dominaba en la sociedad la idea de san Agustín (Agustín de Ipona), que venía a considerar cualquier acontecimiento en el mundo como obra de Dios. A partir del siglo XIII, santo Tomás de Aquino afirma que el demonio puede, y de hecho interviene, en los acontecimientos de este mundo. Fue entonces cuando la bruja, la curandera, la mujer que sufría cualquier trastorno de conducta que la hacía diferente, pasó a ser una aliada del demonio en su lucha por destruir la cristiandad. Entre los años 1450 y 1750, más de 110.000 mujeres fueron procesadas y 60.000 fueron ejecutadas sólo en Europa. ¿Qué hicieron para merecerlo?

La bruja es uno de los arquetipos femeninos más conocidos de la mitología popular. Todos tenemos en la cabeza la imagen de una mujer fea y malvada que prepara extrañas pociones y tiene tratos con el diablo, pero ¿de dónde viene esta imagen? Agustí Alcoberro, profesor de Historia en la Universidad de Barcelona, nos ayudará a descubrirlo. “El estereotipo de la bruja es el de una mujer vieja y sola que se congrega en unas reuniones llamadas aquelarres. El sistema de reunión es siempre el mismo. Las brujas llegan cabalgando a lomos de sus demonios, normalmente en forma de cabrones, aunque también pueden volar con escobas. Una vez reunidas, llega el demonio en forma de caballero o también de gran cabrón, y es adorado. Pero todo en un aquelarre funciona invertido, al revés. La adoración al diablo consiste en besarle el culo [el llamado beso negro u ósculo infame]. Luego se produce una orgía colectiva en la que el diablo copula con todos y todas los asistentes, pero siempre por detrás, y cuando llegan al paroxismo, las brujas se untan con sus ungüentos, vuelven a volar y entonces es cuando producen todo tipo de maldades”.

Es bastante probable que el origen de este mito esté en el miedo. El miedo que las mujeres sentían a sus propios conocimientos. Desde la Prehistoria, mientras los hombres volcaban sus esfuerzos en actividades como la caza y otras ocupaciones externas, las mujeres, recluidas en sus cuevas o al menos siempre cerca y al cuidado de las crías, se volvieron expertas en el conocimiento de las plantas. Este conocimiento, que pasaba de mujer a mujer, llegó a convertirse en una especialización que perduró hasta la Edad Media. “Algunos ámbitos del saber popular correspondían esencialmente a las mujeres, incluso de manera monopolística. Eran las encargadas de traer los niños al mundo, las parteras, y, por tanto, las que conocían los remedios de grandes males, las curanderas”.»


(Eduard Punset: Por qué somos como somos, Madrid, Punto de Lectura, 2010, pp. 246-247)

5 comentarios:

Arenas dijo...

Bueno, esta idea no es nada nueva, aunque está bien que se difunda.
Si quieres ahondar en este tema te recomiendo que tu próximo libro (oye, quizá te lo regale...;-)) sea "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir. Allí encontrarás todos los mitos que han rodeado siempre a la mujer, mitos erigidos por y para el hombre y que se resumen en lo que Goethe denominó "el eterno femenino", lo cual no es, por otro lado, más que una falacia, una construcción artificial masculina.
La historia del sometimiento de la mujer es una historia de miedo y desconocimiento por parte del hombre...
;-)**

Ed. Expunctor dijo...

Ya conozco el libro, pero no me lo he leído, así que espero que me lo regales. Lo cierto es que ya me han hablado mucho de esa obra de la que fue alumna y compañera de Sartre :DD
:)*

gaia07 dijo...

Hemos llegado al punto en que el ser humano funciona con una mente sumamente elástica, la puede plegar hasta tal punto que casi deja de ser humano y desplegar con tal magnitud que le asombra hasta sí mismo lo que es capaz de hacer.
De la cerrazón tenebrosa al resplandor arrebatado, mentes tensionadas o distendidas, según las que sumen más sopla la vida de calamitosa a provechosa.

El desconocimiento es el límite elástico pues el conocimiento evoluciona rebelde y sin fin.

A ese límite deberíamos temer.

Patrizia Gea dijo...

**
Ayer leí esto y me acordé de ti:

"Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión_ provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilego moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con LA RELIGIÓN, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicería de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual de Oriente Próximo..."

Elogio de la lectura y la ficción.
Mario Vargas LLosa.

¡¡Abrazos!!

Ed. Expunctor dijo...

--> Gaia, efectivamente. Ese límite elástico de que hablas es el producto del idealismo: el mundo de las ideas no tiene fin, y sus construcciones, tomadas como realidades, gangrenan la vida...

--> Patrizia, si quieres conocer algunos de los más brutales crímienes de la historia de la humanidad, léete la primera parte de La puta de Babilonia de Fernando Vallejo. En la segunda parte podrás ver las incoherencias y contradicciones continuas que hay en la Biblia.