01 septiembre 2011

Venganza

Eran las cinco de la tarde cuando entró un hombre en la clínica veterinaria con un perro moribundo en brazos. ¡Ayúdeme, por favor, ayúdeme!, gritaba al veterinario, que estaba solo leyendo el periódico en una silla de la sala de espera. ¿Qué ha pasado?, preguntó. ¡Unos hijos de puta!, gritaba el hombre, ¡Unos hijos de puta, eso es lo que son! ¡Que me han intentado matar al perro unos hijos de puta!

Aquel hombre iba empapado en la sangre del pastor alemán que sostenía entre sus brazos. El veterinario vio los ojos apagados del perro y supo que ya no había absolutamente nada que hacer.

— ¿Usted es...?

— ¡Cállese y salve a mi perro, joder! -Gritaba histérico el hombre.

— Pero usted es...

— ¡Sí, joder, yo soy el torero famoso, luego le doy un autógrafo, pero salve a mi perro ya, joder, no pierda el tiempo!

— Claro, ya decía que me sonaba su cara —dijo el veterinario, y volvió a enfrascarse en la lectura del periódico. El torero se quedó atónito.

— ¿Pero qué coño hace? ¡Ayude a mi perro!

— ¿Cómo? Usted debe estar loco. Si usted no torturara y asesinara a los toros, yo ayudaría a su perro.