05 mayo 2013

Uno y Otro

Estaba claro que, al amanecer en aquel lugar, ciertas cosas habrían ocurrido la noche anterior, máxime teniendo en cuenta las condiciones de semejante despertar. Ambos estaban casi desnudos y tenían los cuerpos manchados de sangre: uno tenía un ojo tapado con un parche, y otro llevaba una mano vendada. Primero despertó Uno (llamémoslos así: Uno y Otro), que notó la mano entumecida y se sorprendió al ver el ojo de Otro tapado con un parche, pero más se sorprendió al intentar rascarse detrás de la oreja y caer entonces en la cuenta de que su mano estaba vendada. Por un segundo una relación atravesó sus pensamientos, pero la descartó provisionalmente para sacudir a Otro.
Otro despertó con las sacudidas de Uno, abrió los ojos y vio la mitad de lo que en condiciones normales habría visto.
Uno intentó charlar un rato con Otro para averiguar lo ocurrido, y le hizo preguntas, pero Otro respondió con otras preguntas. Aquí tenemos un ejemplo:
Uno.- ¿Qué pasó anoche?
Otro.- ¿Es que no lo recuerdas?
Uno.- ¿Acaso yo te hice lo del ojo?
Otro.- ¿De qué ojo estás hablando? ¿De este que tengo vendado?
Uno.- ¿Por qué no me contestas, si sabes perfectamente que me refiero precisamente a ese ojo?
Otro.- ¿Para qué me preguntas, si sabes perfectamente lo que ocurrió con tu mano y con mi ojo?
Uno.- ¿Crees que te lo preguntaría si lo supiera?
Otro.- ¿Me preguntas si lo creo de veras? ¿Acaso soy yo quien debe contar lo que pasó?
Tanta interrogación le trajo a Uno a la memoria la relación que hacía unos minutos había descartado de su pensamiento: la relación entre su mano vendada y el ojo parcheado. Tenía la mano entumecida, como ya quedó dicho, y conforme iba despertando un dolor terrible le recorría los dedos. Quería quitarse la venda pero le daba miedo, igual que le daba miedo quitarle el parche a Otro del ojo. ¿Qué podría encontrarse detrás de semejantes endebles protecciones?
Otro se reía.
Otro.- ¿Me dices en serio que no lo recuerdas?
Uno.- ¿Te lo preguntaría si lo recordara?
Otro seguía riéndose, y enseguida se quedó durmiendo, o dormido, quién sabe. Uno lo sacudió, pero no consiguió que Otro despertase de nuevo, así que, hasta que pudiera volver a hablar con Otro, se le quedó cara de interrogación, con el ceño fruncido, odiando un poco a Otro por no decirle qué pasó la noche anterior. Instantes antes de quedarse él también dormido, o durmiendo, quién sabe, lo recordó todo, solo falta saber si cuando despierte lo seguirá recordando, o si lo volverá a recordar.

2 comentarios:

Ficticia dijo...

Oh qué rabia! Qué bueno... Puedo yo zarandearlos a ver si así me lo cuentan? ;)

Ed. Expunctor dijo...

Claro, zarandea. Si te enteras de algo me lo comentas :D