04 septiembre 2011

El primer objetivo del 15M debe ser la reforma de la ley electoral

"Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social" (art. 14 Constitución). Entonces, ¿por qué mi voto vale más que el tuyo, o el tuyo más que el mío, según a quién votemos o lo que votemos? La representatividad que se deriva de la ley electoral y el sistema D'Hont es una representatividad falsificada.
Esta inconstitucionalidad legalizada debe ser corregida cuanto antes. La reforma de la ley electoral debe fijarse como el primer objetivo a conseguir por el 15M. Mejorar el resultado de la participación ciudadana que se produce cada cuatro años: que la representatividad que resulte de las elecciones sea real, efectiva, que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor en cualquier lugar del territorio nacional; que ningún voto beneficie a un partido más que otro voto.
Como decía Aristételes: empecemos por el principio, como es natural. Y sólo después, cuando consigamos una ley electoral por cuya aplicación todos los votos tengan el mismo valor, seguimos hablando. Es absurda la multiplicación de manifestaciones y concentraciones que, con los más variados motivos y por las más diversas causas, se realizan bajo el auspicio del movimiento 15M o Democracia Real Ya. Es absurda la proliferación de grupos de trabajo, de comisiones y de acciones (desde medio ambiente, pasando por feminismo, espiritualidad y masajes, hasta toma la playa y permacultura, entre tantas otras) que se organizan dentro y alrededor de este movimiento ciudadano. Quien mucho abarca, poco aprieta. Puesto que “no tenemos prisa”, vamos a por un objetivo: la reforma de la ley electoral. Una persona, un voto, y todos los votos con el mismo valor.
Para eso, claro, cada uno debe dejarse sus prioridades en casa y dedicarse a una campaña de difusión de información. Y todas las manifestaciones deben tener como exigencia -llueva o truene- la misma: la reforma de la ley electoral para que mi voto tenga exactamente el mismo valor que el de mi vecino y que el tuyo tenga exactamente el mismo valor que el mío. Lo contrario, es decir, la situación actual, supone que hay ciudadanos activos de primera, de segunda y de tercera. Y de cuarta. Y de quinta.
Y hay que hacer manifestaciones, por supuesto, las que hagan falta. Que cada vez se vaya sumando más gente, conforme se avance en la labor de difusión de información a nivel de barrio, en todo el país.
Y convocar un referéndum ciudadano para dentro de seis meses.
Y después, a por el segundo objetivo: abolición de privilegios y prebendas de los políticos, que son desmesurados, los privilegios, digo, en cantidad y cualidad, y los políticos también, en avaricia y codicia, y falta de consideración y de respeto hacia los ciudadanos.
[En Portugal también se aplica el sistema D'Hont en la ley electoral, lo que determina que los votos de los ciudadanos tengan un valor diferente en función de a qué partido voten. Aquí se pueden ver los resultados....]