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30 septiembre 2008

26 septiembre 2008

Mira y espera

Si quiere salir,
primero mira.
Junto a la puerta
y semierguida,
se queda quieta:
lenta, vigila
y observa el mundo,
me localiza
y con su voz,
piando, avisa.

Después espera,
por fin erguida
junto a la puerta,
que la salida
de su universo
se le permita.

20 septiembre 2008

Comportamiento gerbil inaudito

Lo que hizo anoche mi jerba Dana sólo podrían hacerlo gatos, perros y humanos.

Tras abrirle la puerta de la jaula para que estirase un poco las patas alrededor de su casa y por encima de la de sus vecinos Janis y Rigodón, me tumbé en el sofá. Al cabo de un rato, cuando me estaba atrapando la vigilia, aprecié por el rabillo del ojo cómo una sombra pasaba veloz bajo la mesa. Inmediatamente supe de qué se trataba:

—Será cabrona...

Así que me levanté, cerré la puerta del salón y me dispuse a coger a Dana para encerrarla en su jaula. Coger a un jerbo en un salón es complicado. Hay sofá, sillones, mesas, sillas, muebles, libros apilados... Demasiados lugares bajo los que puede esconderse y entre los que puede correr. Tras meterse bajo el sofá, se asoma enseguida y observa con un sigilo propio del silencio. Me ve y se esconde, y sale corriendo para que intente cogerla, pero este intento puede prolongarse durante más tiempo del aceptable. Ya era bastante tarde y llovía cansancio, así que cuando A*** me dijo:

—Cierra la puerta y luego la coges, cuando se harte de dar vueltas.

Tras vacilar un poco, cerré la puerta y volví al sofá, donde me tumbé, no sin antes pensar:

—Joder, cogerla luego cuando me vaya a ir al sobre va a ser una putada, porque voy a ir medio zombi, pero ahora tampoco tengo ninguna gana de intentarlo, así que..., si pongo este cojín así —mientras ponía el cojín en el suelo, pegado al sofá— igual cuando se canse trepa por él y se sube al sofá.

Así se quedó la cosa. Tumbado en el sofá, me secuestró de nuevo la vigilia, que se quedó conmigo no sé cuánto tiempo, pero un buen rato —hora y media, quizá dos—, al cabo del cual noté cómo pasaba por encima de mí la fabulosa y magnífica jerba Dana, que aburrida de merodear por el suelo del salón sin que la persiguiese, cansada de que no jugase con ella, trepó al sofá creyendo ser gato, perro o humano.


10 septiembre 2008

Tumbarse

Mi jerba Dana ha adoptado últimamente un comportamiento propio de cánidos y felinos más que de roedores: se tumba. Si no fuera por el especial tamaño de sus brazos, se le verían salir por debajo del morro como si de un perro acostado se tratase:

04 junio 2008

Dormir, tal vez soñar

Hecha un ovillo,
echa sus sueños:
entre suspiros
recuerda el tiempo
en que sus gritos
eran misterios,
cuando el sentido
de su cerebro
era el destino
de ser insecto.

Pero el gruñido
de un ser eléctrico
[clic / clic]
ya la despierta:
de nuevo es jerba.


27 abril 2008

Al acecho

Siempre al acecho, mi jerba dana se arrastra por el suelo como si fuera una serpiente. Su inmovilidad supera límites de anacoreta. Un movimiento apenas perceptible de sus bigotes delata su actitud alerta, prevenida, cautelosa. Y sus orejas, como periscopios, giran hacia uno y otro lado atentas a cualquier estímulo sonoro.

24 marzo 2008

Jerba civilizada

Mi jerba Dana, entre otras muchas habilidades, tiene la de llamarme para que le abra la puerta de su jaula. Cuando está harta de su encierro, empieza a piar como los pájaros: emite su sonido agudo similar al de una sucesión de íes, algo así:

-Ííííí ííí ííí íííííí íííí ííííííííí ííí íiíí í í í íííí.

Estas palabras jerbiles van acompañadas de una kinésica inconfundible: en pie, junto a la puerta de su jaula, con el morro metido entre los barrotes, mirándome. Si no le hago caso corretea un poco por la ruleta para hacer más ruido y llamar mi atención. Corretea y se para, asoma la cabeza y me mira. Si no le hago caso vuelve a darle a la ruleta, pero si me levanto... Si me levanto supone que voy a abrirle la puerta y se baja de la ruleta para situarse junto a la puerta.

La he grabado con la cámara: le he hecho piar, pero su sonido es tan agudo que el micrófono de la cámara no lo capta.

Al principio, cada vez que le abría la puerta de la jaula correteaba un poco por encima de la jaula de Janis y Rigodón, para enseguida saltar al mueble y, de ahí, al suelo. Sin embargo, cada vez que se tiraba al suelo la cogía y la devolvía a su jaula. Repetida esta operación un número inconcreto de veces, ha aprendido que si se tira al suelo se le acaba la diversión. Ahora la puedo tener con la puerta de la jaula abierta un montón de horas. Cuando se cansa de estar por encima de la jaula de los jerbos y de dar vueltas alrededor de la suya, se mete en su casa. Una jerba civilizada, sin duda.

Se me olvidaba: cuando quiere salir y no le hago caso se pone a dar vueltas en la ruleta como una posesa, armando un escándalo considerable. Y no para hasta que le abro la puerta. Es como un niño pequeño que se pone a llorar y no para hasta que consigue lo que quiere.

10 febrero 2008

Peleas de jerbos

Hay alguien por aquí, en España, que estaba buscando en Google peleas de jerbos. Grrrrrr... Mira lo que te digo: tú vente a Murcia que te presento a los míos. Tienen unos dientes afilados como escalpelos, instintos de serpiente y, de repente, son canes más furiosos que Cerbero.

Yo tengo tres jerbos
que te roerán las orejas primero,
en manada, como los lobos.
Después te atacarán los ojos
con sus garras de Lobezno;
la hembra te morderá los pezones
mientras los machos te roen los dedos
y acabarán royendo todos juntos
esa parte de tu cuerpo
que guardas con tanto celo.

30 noviembre 2007

Jerbos con instintos familiares

También los gerbos tienen instintos de familia. Por la noche llega la hora de la cena y mi gerba Dana exige su parte: con una sucesión invariable de sonidos agudos reclama un trozo de queso, y después de cenar insiste con su llamada, pero esta vez por su deseo canino de salir a pasear más allá de las fronteras de su jaula. En cuanto le abro la puerta, sale disparada hasta el borde, donde se detiene para que le rasque, y una vez cumplido este protocolo se sube a mi mano, a mi hombro, se pasea un poco y a los dos minutos su única ansia es alcanzar el suelo.

Sin embargo, si alcanza el suelo sabe que regresará a la jaula, pero sus inclinaciones telúricas le pueden y se lanza desde la mesa, un salto de metro y poco tras el cual se revuelca en el suelo creyéndose gato.

Cuando la devuelvo a su casa comienza su sinfonía de íes y de exclamaciones agudas, que se mantienen durante varios minutos: tal es su insistencia por volver a salir de la jaula.

-Ííííííi íííí íííí ííííí

Como no la vuelvo a sacar de la jaula comienza otra sinfonía: royendo y royendo y rorroyendo madera, cartón, plástico, dando vueltas en su ruleta, organiza tales conciertos que no me queda más remedio que quitarle la rueda y amenazarla con el índice, pero semejantes apremios no tienen ninguna consecuencia, porque ella sigue royendo y royendo y rorroyendo hasta que, desesperada ante mi aparente indiferencia, baja a la pecera, escarba y se entierra en su lecho de paja.

03 octubre 2007

Dana doméstica

Mi jerba Dana puede estar quieta en la puerta de su casa durante dos minutos o un cuarto de hora mientras le rasco. Le da igual que le acaricie entre los ojos, que le rasque bajo la mandíbula, a lo largo del cuerpo o que le pase la yema del dedo por su mismísimo hocico. De un lado a otro o en círculos, el movimiento de mis dedos le eriza los bigotes y le hace entornar los ojos, levantar la pata y empujar su cuerpo contra mis dedos para que ejerzan más presión. Durante el rascamiento suelta agudas y finísimas exclamaciones, que suenan más o menos así: iiiiiii iiiii iiii iiiii iii ii iiiiiii.

19 julio 2007

Siesta

Un jerbo durmiendo
qué siente
qué sueña
qué maquina en sus sueños
qué árboles roe
qué tierra excava
qué saltos de acróbata lanza
qué sueña
qué siente
un jerbo durmiendo