04 julio 2006

El Bosque Ensombrecido (II)

II

El ilustre Estoyas Talos, Doctor en Flexología Férrica, consideró como probable (nótese: probable, que no posible, pues tales posibilidades, como constaba en las bases básicas de la expedición de investigación, quedarán descartadas en lo sucesivo hasta nuevo aviso) que la umbrosa luz procediera en un futuro pretérito de un astro intangible que sólo brotará del firmamento bajo la conditio sine qua non de que el mismo cielo se oscurezca hasta los resquicios más intrincados, de tal suerte que la combinación de las flechas lumínicas de tal astro y la negrura abisal del techo celeste darían a luz la umbrosa luz, a pesar de la aparente paradoja insuperable por no ser ya una antítesis irreductible. El Dr. Estoyas Talos instaló su centro de investigaciones en las Minas de Hierro del Bosque Ensombrecido, como no podía ser menos, pues si fuese menos, menos habría sido la consistencia o soporte de su ser, ya que cualquier brote de viento lo habría arrastrado hacia una dirección preindeterminada por vectores de fuerza irrelevante, pues habría sido devorado por... Bueno, mejor no ponerlo nervioso y dejar que prosiga su investigación concluida, aunque parece ser, según confidentes cercanos, que se le está agotando la paciencia, o algo así se rumorea.

Otro investigador, el famoso Profesor Von Hiato, centró sus pesquisas en la subsuperficie del subsuelo, donde excavó con sus tuberculosos instrumentos prospecciones inesperadas, en busca de la causa motivadora de la luz umbrosa. Su suerte no fue muy afortunada, dadas las condiciones de la tierra, cuya humedad favoreció el nacimiento de protuberancias con una exuberancia rayana en lo hórrido en prácticamente todos los poros de su cuerpo, quedando, pues, aprisionado bajo el suelo y en continuo proceso de crecimiento; circunstancias estas ante las cuales la única opción que tuvo para comunicarnos sus conclusiones fue escribirlas en las hojas que dejó sobre la tierra, tanto en el haz como en el envés. Quiso la casualidad que uno de nuestros enviados especiales tropezase con ellas en su camino a nuestras oficinas, considerándolas como un interesante legado que debía ser puesto en conocimiento de la humanidad, a la que apenas le quedan restos de humanidad. El texto tuvo que ser reconstruido por los expertos de nuestro centro, debido al mal estado en que se encontraban ya estas hojas secas escritas con savia por el famoso Von Hiato. Ofrecemos una transcripción de la reconstrucción de su conclusión:

“Mis introspecciones en este subsuelo me hacen pensar que el origen de la umbrosa luz es precisamente este lugar en que me hallo, pues brota de cada uno de los granos de arena, ripios, detritus y piedras que aquí yacen, una intensísima luz de un color indefiniblemente claro que me impide ver más allá de mi propia retina, lo cual me da pie, aunque no tenga, a pensar que es esta potentísima luz la causante de la luz umbrosa, ya que en su ascendente camino hacia la superficie es absorbida de forma progresiva por los cuerpos corpóreos como el mío y etéreos como el de Ellos que vagan por esta subzona del subsuelo, lo que provoca que una vez que llega a la superficie, la luz ha sido atenuada hasta la extenuación, causando así la debilidad de sus haces que se encuentran en su contacto con el aire abrigados por las Sombras que bajo tierra esperan Sus órdenes, aunque es lo más sorprendente que [texto irreconstruible: tres hojas y el haz de otra] la boca sangrienta [palabras irreconstruibles] inframundanas entrañas [...] explosión de los abisales reinos [...] Tú y Yo [...] entrando [...] sonrisas [...] tuya [...] mío y abrazan sus [falta la imposible reconstrucción de siete hojas más]”.

(Continuará)