29 septiembre 2006

Morir o Matar a Miguel

El 29 de septiembre de 1511 moría Miguel Servet. En realidad no moría, sino que lo mataban: no es lo mismo morirte que te maten. Casi todo el mundo sabe que este tipo habló ya de la circulación de la sangre y tal, pero para él, que era teólogo, la sangre era la residencia de Dios: si Dios está diluido en la sangre y la sangre circula, Dios está constantemente en todos los rincones de tu cuerpo, con lo cual es una putada que te hagas un corte y te salga sangre, porque se te escapa Dios del cuerpo, y si se te escapa mucho Dios al final te mueres porque te abandona la divinidad. Ahora bien, no sé qué pensaría Dios de eso cuando tuviese en cuenta el hecho de que hay quien vomita, orina y caga sangre, porque lo de vomitar..., bueno, sólo es la boca, pero lo otro... En fin. Seguro que Servet no pensó en ese delicado y espinoso asunto.

Estas ideas de Servet no le hicieron ni pizca de gracia a Calvino. Calvino, de quien casi todo el mundo sabe que hizo unos arreglos en algún sitio, le mandó a Servet un libro suyo, como diciéndole: Lee y aprende, pero Servet lo que hizo fue acribillar el libro de Calvino con notas bastante críticas, tanto que Calvino, cuando recibió el libro que Servet le devolvía anotado, le dijo: Mira lo que te digo, nene: como vengas a Ginebra no lo cuentas.

Y, efectivamente, Servet (¿en qué estabas pensando, tronco?) llegó a Ginebra. Por lo que se ve iba hacia Italia y paró allí. Mal hecho, Miguel, que no estaba el horno para bollos. Total, que lo pillaron (lo reconocieron en la iglesia donde predicaba Calvino) y, como era costumbre en este mundo civilizado, lo condenaron a morir en la hoguera.

Por aquí es por donde empecé: ¿Cómo que lo condenaron ‘a morir’ en la hoguera? Que no murió: que lo mataron, lo asesinaron; de hecho le pegaron fuego. No suelo hacer corta-pega pero hay un par de párrafos dignos de ser leídos:

“Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.

Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e Impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo”.

Supongo que muchos pensarán: como Galileo. Ahí me incluía yo, que creía que había sido quemado, pero por lo que acabo de leer parece que no (o vete a saber): aquí dicen que murió de viejo en su casa y aquí, que los de la Inquisición le conmutaron la pena de prisión por un arresto domiciliario.