23 enero 2007

Violencia de género (2ª parte)

Ya dijimos que siempre hay una gallina rondando el manzano a la espera de que caiga una manzana para comérsela. De la misma manera, siempre hay un poeta a la espera de que...

-Espera, espera: ¿un poeta? Eso es violencia de género.

-¿Por?

-Hombre, será un poeto o una poeta, pero no mezcles géneros porque los violentas.

-Bueno, a mí es que la mezcla me mola. La pura mezcla...

-No, no, no. Hay que ser políticamente correctos...

-¿Y lingüísticamente ignorantes?

-Hay que empezar la revolución identificando género y sexo. A los hombres y demás animales machos, la -o; y a las mujeres y demás animales hembras, la -a.

-Bueno, entonces tendremos que reformular la gramática en lo que a género se refiere. A partir de hoy, pues, habrá que reservar ‘el’ para el ‘macholino’ y ‘la’ para el ‘hembrenino’. ¿Te parece bien?

-Estupendo. Así evitaremos discriminaciones.

-Correcto. Ya no veremos más ujieres por el juzgado: desde hoy, habrá ‘ujieros’ y ‘ujieras’. Al médico no irán más pacientes, porque decir ‘el paciente’ y ‘la paciente’ es una discriminación aberrante: los dos acaban en -e y, según la revolución que propones, sería injusto: yo seré ‘un paciento’, pero mi prima será ‘una pacienta’. Y en los hipódromos veremos, no ya jinetes, sino‘jinetos’ y ‘jinetas’ compitiendo sobre sus caballos y sus caballas...

-Dirás yeguas.

-No, diré caballas. Porque yegua deberá tener su correlato en yeguo.

-Es que eso ya no... No es lo mismo.

-Bueno, es una palabra, igual que ‘juez’, ‘futbolista’, ‘sacerdote’, ‘monje’, ‘mercader’, ‘albañil’, ‘policía’,...

-Ya, pero hay jueces y juezas, y futbolis...

-Dilo, dilo: futbolistos y futbolistas. Y juezos y juezas, no jueces. Dejemos la -e para el neutro, ese género que tenían los romanos, aunque más que neutro deberíamos tomarlo como género dual: les jueces serán tanto los juezos como las juezas; les futbolistes serán tanto los jugadoros como las jugadoras que juegan al fútbol.

-Uff, eso ya...

-Nada, nada. La revolución hasta sus últimas consecuencias: sacerdotos y sacerdotas, monjos y monjas, mercaderos y mercaderas, albañilos y albañilas, policíos y policías...

-Espera, espera, que se te está yendo la olla...

-¿A mí? Si eres tú quien quiere evitar la violencia de género en el lenguaje. Yo te ayudo a desarrollar la idea...

-Pero es que...

Estuvimos cien años discutiendo acerca del tema. Mientras tanto, las gallinas seguían comiéndose las manzanas que caían del manzano.

3 comentarios:

Jonathan Fernández dijo...

En mi opinión de "no experto" ... la lengua se autoregula, las reglas gramaticales y ortográficas son intentos a posteriori (posterioro o posteriora) de normalizar lo que ya existe para llegar a un convenio y comunicarnos con facilidad. A veces lo olvidamos, y aunque esto no sea un anuncio de telefonos, debo decirlo: "Lo importante es comunicarse" al menos en lo referido a la palabra.

P.D: Me curré un párrafo enorme sobre la eutanasia que por alguna razón no se publicó. Debe ser que era tan peñazo que hasta blogger me lo ha echado para atrás, y me da pereza reescribirlo.

José Manuel Martínez Sánchez dijo...

Este es un tema muy polémico y polémica. Lo políticamente correcto a veces cae en absurdos que violentan hasta la propia lengua, cuya función principal es la comunicación a cualquier precio, basándose estrictamente en el principio de economía. Con esta cuestión los principios de economía quedan absolutamente violados y violadas, evidentemente algunos confunden la cuestión del género gramatical con el de las personas, sin darse cuenta de que las personas no tienen género sino sexo. Estoy de acuerdo con la propuesta de la RAE sobre modificar el nombre de 'violencia de género' por el de 'violencia doméstica o por razones de sexo'.

Ficticia dijo...

Me encanta. De verdad. Lo absurdo llevado a extremo, es lo mejor cuando alguien se pone demasiado políticamente correcto o cabezón en alguna idea en general, cuando se la exageras suelen echarse atrás.
Personalmente, no habría que mezclar asuntos. Una cosa es el lenguaje, otra el sexismo.

Te aplaudo.