07 diciembre 2010

Interludio desahogativo-lingüístico

Bueno, bueno... Dónde va a parar... ¡Qué comodidad! ¡Qué soltura! ¡Qué dinamismo! ¡Qué fluidez! Está comprobado que yo soy en español. El portugués es una lengua sencilla, muy parecida al español desde un punto de vista gramatical y, por supuesto, léxico-semántico: no en vano ambas son lenguas romances, proceden del latín y su evolución no es demasiado diferente; de hecho, conociendo unas pocas reglas de la evolución lingüística es muy sencillo deducir las palabras portuguesas a partir de las españolas, salvo unos cuantos vocablos que no tienen mucho que ver (espcecialmente en el ámbito de la cocina...). Ejemplo: lat. multum, ita. molto, port. muito, esp. mucho; lat. sum, ita. sono, port. sou, esp. soy; lat. canticum, ita. canzone, port. canção, esp. canción. Para hablar portugués y entenderlo con fluidez sólo es necesaria una inmersión en condiciones, no como la que yo estoy haciendo, pues me paso el día currelando en la biblioteca, y así no hay manera de avanzar demasiado, más allá de las pequeñas conversaciones que tengo con algún portugués ocasional y con mis compañeros de piso por las noches.

En cualquier caso, el entendimiento básico está asegurado (más allá de pequeñas confusiones y malentendidos que no tienen mayor importancia), incluso aunque cada uno hable en su propio idioma, pues hablando lentamente y separando las palabras en el discurso (algoquenuncahacemosnormalmentecuandohablamos,pueslosoltamostodoseguidosinmiramientos) es fácil transmitirse una información básica (el novio de mi compañera pensaba que no iba a entender nada en español y, hablando despacio, lo entendió todo), pero al cabo de un tiempo este tipo de información se queda corto, así que es normal cierto sentimiento de impotencia comunicativa. Es cuestión de tomárselo con un poco de humor y de reírse hasta de la propia sombra, en el idioma propio y en el ajeno, y de no perder la esperanza: hoy me he entendido más o menos bien con tres portuguesas en la biblioteca, que me han preguntado cuando salía de mi gabinete si podían usarlo para hacer una grabación, y hemos tenido que llegar a un acuerdo acerca de la llave. De la misma manera, me voy entendiendo con los trabajadores de allí y con la camarera de la cafetería de la biblioteca, algo que nunca antes había visto: en la biblioteca de la Facultad hay cafetería, cágate lorito, aunque dentro de lo que cabe es lógico, porque la Facultad de Letras tiene unas 4 ó 5 cantinas, que yo sepa, y nosotros en Murcia qué te voy a contar... Y encima el café está rico, algo que no se puede predicar en términos generales de la cantina de Letras de Murcia, y este punto cualquiera puede acreditarlo o comprobarlo empíricamente.

Más allá de cuestiones lingüísticas, había hecho la conjetura de, como casi siempre me ha pasado, llevarme el clima de Murcia detrás de mí, pero de momento se ve que Murzia Tropikal no se ha enterado de que me he ido. Igual un día de estos advierte mi ausencia y se viene rápidamente para inundar el paisaje lisboeta con sus calores, pues desde que llegué el clima duda entre el frío, la lluvia, la lluvia con frío, el viento con frío o la lluvia sin viento, pero lo que es sol, poca cosa: si acaso se asoma por la mañana, me busca y, como no me encuentra, convoca a las nubes para que lo oculten el resto del día; eso si no lo pillo in fraganti y, al ver que aprovecho que está visible para tender la ropa, decide llamar a la lluvia para que tenga que recogerla y mentarle la madre a los respectivos cúmulos y nimbus estratosféricos.

Vuelvo, en fin, a disfrutar del Metro, ese medio de transporte eficaz y rápido que negaron a nuestra Murcia, donde habría aniquilado, creo yo, el 70% de los desplazamientos en coche, por decir algo, pero esto es un puro decir, que es lo bueno de expresarse en español, que puedo decir lo que me venga a la cabeza sin más explicaciones que las que me salgan de las conexiones neuronales, por decir algo, lo que sigue siendo un puro decir, que es lo que mola, decir por decir independientemente de cualquier consecuencia que pueda tener, puesto que no puede tener ninguna más allá del espacio que ocupan las palabras y del tiempo que se descuenta al decirlas o escribirlas, pero para qué estamos aquí en la tierra sino para dedicarnos a deleitarnos en la extinción progresiva del tiempo que tenemos.

Al lado de la Facultad de Letras hay un edificio, llamado “A Torre do Tombo”, donde se conservan unos tres millones de documentos y al que un día de estos le voy a echar una foto, porque tiene una arquitectura cuyas formas me traen a la memoria... A ver qué te traen a la memoria: foto1, foto2, foto3, foto4.

Y, tras este interludio, volto à escritura em português...


Torre do Tombo

(Tenía una foto del edificio, pero con ese sol del que ya no me acordaba -y que me acompañó los dos primeros días- se ve muy blanco y no se aprecia bien... Ese sol tuvo que ser el de Murcia, que quiso estar conmigo al principio, pero una vez que estuve situado se ve que dijo: Pues ahí te quedas, payo, que yo me voy a otro lado con mis rayos...)

2 comentarios:

Arenas dijo...

¡V! ¡Los lagartos han vuelto!
;-))

Ed. Expunctor dijo...

XDDD
Yo pensé en una construcción fascista, así que por ahí anda la cosa, pues qué son los lagartos sino eso mismo... Es una arquitectura demasiado cuadriculada, rígida, diríase arrogante, altiva, con unos aires de superioridad..., y esa especie de cabezas-gárgolas cuadriculadas también, todo tan recto, tan uniforme, tan despersonalizado...

:D== o o O O o O o O O (<-- smoking...)