Tú eres
locomotora carnal
y recorres mis raíles
con la lengua de tus ruedas:
tus ruedas como serpientes
de mecánicos arrastres
y lascivos movimientos.
Yo adentro en tus vagones
la traviesa de mi lengua:
no otra cosa, pues soy suelo,
y mis túneles y puentes
tú penetras y atraviesas,
y mis barreras y agujas
tú levantas y desplazas.
El fuego de tu caldera
-impulso definitivo-
circunda mi cuerpo
y lo arde y lo succiona:
lo hace entrar en combustión
y se abren tus válvulas
y giran tus émbolos
hasta que el silbato avisa
del final del trayecto.
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