Ya dijimos que siempre hay una gallina rondando el manzano a la espera de que caiga una manzana para comérsela. De la misma manera, siempre hay un poeta a la espera de que...
-Espera, espera: ¿un poeta? Eso es violencia de género.
-¿Por?
-Hombre, será un poeto o una poeta, pero no mezcles géneros porque los violentas.
-Bueno, a mí es que la mezcla me mola. La pura mezcla...
-No, no, no. Hay que ser políticamente correctos...
-¿Y lingüísticamente ignorantes?
-Hay que empezar la revolución identificando género y sexo. A los hombres y demás animales machos, la -o; y a las mujeres y demás animales hembras, la -a.
-Bueno, entonces tendremos que reformular la gramática en lo que a género se refiere. A partir de hoy, pues, habrá que reservar ‘el’ para el ‘macholino’ y ‘la’ para el ‘hembrenino’. ¿Te parece bien?
-Estupendo. Así evitaremos discriminaciones.
-Correcto. Ya no veremos más ujieres por el juzgado: desde hoy, habrá ‘ujieros’ y ‘ujieras’. Al médico no irán más pacientes, porque decir ‘el paciente’ y ‘la paciente’ es una discriminación aberrante: los dos acaban en -e y, según la revolución que propones, sería injusto: yo seré ‘un paciento’, pero mi prima será ‘una pacienta’. Y en los hipódromos veremos, no ya jinetes, sino‘jinetos’ y ‘jinetas’ compitiendo sobre sus caballos y sus caballas...
-Dirás yeguas.
-No, diré caballas. Porque yegua deberá tener su correlato en yeguo.
-Es que eso ya no... No es lo mismo.
-Bueno, es una palabra, igual que ‘juez’, ‘futbolista’, ‘sacerdote’, ‘monje’, ‘mercader’, ‘albañil’, ‘policía’,...
-Ya, pero hay jueces y juezas, y futbolis...
-Dilo, dilo: futbolistos y futbolistas. Y juezos y juezas, no jueces. Dejemos la -e para el neutro, ese género que tenían los romanos, aunque más que neutro deberíamos tomarlo como género dual: les jueces serán tanto los juezos como las juezas; les futbolistes serán tanto los jugadoros como las jugadoras que juegan al fútbol.
-Uff, eso ya...
-Nada, nada. La revolución hasta sus últimas consecuencias: sacerdotos y sacerdotas, monjos y monjas, mercaderos y mercaderas, albañilos y albañilas, policíos y policías...
-Espera, espera, que se te está yendo la olla...
-¿A mí? Si eres tú quien quiere evitar la violencia de género en el lenguaje. Yo te ayudo a desarrollar la idea...
-Pero es que...
Estuvimos cien años discutiendo acerca del tema. Mientras tanto, las gallinas seguían comiéndose las manzanas que caían del manzano.