09 febrero 2008

Después de comer

A mis arenas

Después de comer voy a comerte.
No té, no hierba, sino carnes tuyas,
carnes que hiervan, que hieran,
que llaguen mi carne viva, impávida,
sudorosa, y lágrimas más blancas
que tus noches de plata desbocadas.

Después de comer voy a beberte.
No café, no fe, sino infusiones de la lengua tuya,
lengua que funda, que fusione,
que infecte mi lengua lúbrica, lasciva,
húmeda, y asfixia más lujosa
que mis noches de cama lujuriosas.

Después de comer voy a soñarte.
No gasas, no aire, sino almas tuyas,
almas que abracen, que atenacen,
que guarden mi alma furia, fiel,
fiera, y sofoco más compacto
que nuestras noches de cópulas y blancos.

Después de comer voy a sentarte.
No tronos, no reinos, sino manos mías,
manos que acojan, que protejan,
que tejan un cuenco profano, divino,
hereje, y pecado más sagrado
que nuestra eterna noche de tiernos aliados.


2 comentarios:

Meg dijo...

Genial, sublime, me encanta. No sólo te mantienes fiel a tu estilo, sino que cada vez es más depurado y certero. Que sepas que me das mucha envidia, ojalá yo escribiera la mitad del cuarto de bien que tú.

Ed. Expunctor dijo...

Muchas gracias... Es cuestión de ars atque ingenium, como decía Horacio, aunque ya antes Aristóteles, cómo no, lo había advertido. Yo añadiría también un poco de suerte y de musas.
Salud!