22 marzo 2011

Pat Condell: ¿Ateísmo agresivo? (texto)

«Últimamente he estado escuchando muchos quejidos y lloriqueos en la prensa sobre el ateísmo agresivo e intolerante, como si eso de algún modo fuera malo. Parece que la religión puede atacar a otros, pero no tolera ningún ataque, como un asaltante callejero que llama a la policía cuando sus víctimas se defienden.

El ateísmo agresivo en realidad es ateísmo defensivo, porque ahora nada es más agresivo que la religión política. Ser un ateo o un secularista en estos días ya no consiste en renunciar a algo, sino en defenderse activamente. Por tanto, cualquier ataque que reciba la religión merece ser diez veces peor. Y, además, no creo que se pueda ser demasiado agresivo al defender la libertad de expresión, que, por supuesto, es absolutamente sagrada, como todos sabemos. Mucho, mucho más sagrada de lo que cualquier dios, o profeta o escritura es, será o podrá ser, desde hoy hasta el fin de los tiempos, o por la eternidad, lo que dure más.

A veces la gente me dice: “Eres tan intolerante como la gente que criticas”. ¿En serio? ¡Espero que sí, porque alguien tiene que serlo! Sobre algunas cosas soy muy intolerante, y no tiene sentido intentar negarlo. Veamos: ¿Misoginia y sexismo? Soy extremadamente intolerante con ambos. Espero que no se ofendan por ello. ¿Racismo? ¿Antisemitismo? No, con eso no soy tolerante, me temo. Lo siento. ¿Homofobia, quizá? No tengo ni una pizca de tolerancia. Caray, sí que tengo problemas, ¿verdad? ¿Qué hay de la crueldad con los animales? De nuevo, ninguna tolerancia en absoluto. Pero prepárense, porque eso no es ni la mitad. No sólo soy abierta y descaradamente intolerante sobre esos temas, sino que si se usa la religión como excusa para alguno de ellos, me vuelvo agresivamente hostil y, lo que es más, no me disculpo por ello, porque no hay nada por lo que deba disculparme. Y ustedes tampoco.

Siempre me dijeron que debo respetar los sentimientos de la gente. Bueno, está bien, pero ¿qué hay de mis sentimientos? ¿Qué hay de la repugnancia total que siento al pensar en el dios del desierto y los horribles pensamientos y acciones que inspira? Ese dios es mi satanás. Cuando oigo su nombre, huelo azufre. Cuando oigo sus palabras, huelo a muerte. Veo que su inmunda religión ha contaminado el mundo en el que tengo que vivir mucho peor de lo que podría hacerlo cualquier combustible fósil. Y veo que todo lo que a este dios se refiere ha sido diseñado expresamente para envenenar nuestra experiencia de vivir en la Tierra, no para mejorarla; para mantenernos temerosos, suprimir el conocimiento, restringir la libertad y la creatividad y para celebrar la muerte. No es otra cosa que la estupidización santificada de la raza humana. Y exigir que se la respete es un insulto que merece ser devuelto con considerables intereses.

La religión no merece ningún respeto, porque: a) No brinda ningún respeto en absoluto, y b) No presenta ninguna evidencia. La evidencia, de hecho, no es bienvenida, porque elimina la necesidad de la fe, ¡y eso sería un desperdicio de esa falsa virtud! La fe es una de tres falsas virtudes; las otras dos son la devoción y la piedad. No son tanto una trinidad como tres hermanas feas. A diferencia de las brujas de Macbeth, que ven el mundo en un caldero, estas tres tratan de convertirlo en una hoguera (alabado sea Dios) ,y siguen muy activas.

Entre los muchos dones de estas agradables musas tenemos el conflicto del Medio Oriente, para empezar, y ése es un regalo que parece interminable. Por no mencionar el cáncer en su centro: Jerusalén, esa joya del desierto, ese meadero celestial en la arena, desde la que ha rezumado la peste negra espiritual del Medio Oriente esparciéndose por el mundo como una aceitosa pestilencia, contaminando todo lo que toca con una gruesa pátina de ignorancia piadosa, sólo que no la llamamos ignorancia: la llamamos fe. Qué palabreja horrible es esa: fe, que exuda un aura falsa de pureza y virtud mientras da soporte a las ideas más horribles que ha visto este planeta. Cierra los corazones de la gente cuando debería abrirlos; hace que se enorgullezcan de cosas que deberían avergonzarlos, y los avergüenza de cosas que deberían enorgullecerlos.

Cuando observamos el barbarismo violento del mundo islámico, vemos que ninguna acción noble es demasiado depravada para una mente que se permite la total licencia que le da la fe. Si uno le toma completamente la palabra a este dios, se puede ser igual que él: un monstruo maligno y sin corazón, y sentirse bien por ello. Incluso en el mundo occidental, nada es tan deshonroso que la fe no pueda desinfectarlo. Recuerden que fue la fe la que privó a los gays en California de sus derechos civiles básicos, el mismo día que en los Estados Unidos elegían a un presidente negro. Fue la fe la que convenció a los cristianos negros a relegar a los gays a la parte de atrás del autobús.

Y todo esto sería espantoso en sí mismo, pero, debido a la libertad de acción que le damos siempre a esta falsa virtud de la fe, la religión está totalmente fuera de control. Ya tiene por la garganta a las Naciones Unidas, y está promoviendo una ley mundial sobre la blasfemia, para proteger a la gente de escuchar algo que extraiga sus mentecitas de la Edad de Piedra. El concepto mismo de la blasfemia es una ilustración perfecta de la cobarde inmadurez de la mente religiosa y del vacío de la religión misma. Si la religión contuviera alguna verdad, podría insultársela, ridiculizársela y hasta profanársela sin disminuírsela en modo alguno. Su verdad brillaría pese a ello, sin opacarse ni alterarse, reduciendo a quienes la maltrataran a un silencio avergonzado.

Pero las cosas no son así. La religión es irritable, intolerante, ultradefensiva, precisamente porque es quebradiza y frágil. Tiene la solidez de un merengue. Es todo fachada y nada de sustancia. Tuvo miles de años para probar sus afirmaciones, y todo lo que ha producido han sido sofismas, violencia y una moral abigarrada que avergonzaría a una serpiente de cascabel. Y la cháchara insustancial de la clerecía ya no puede ocultar el hecho simple y llano de que allí no hay nada. La única verdad sobre la religión es que es falsa. Su pretensión de conocimiento superior es risible; ni siquiera tiene un conocimiento inferior. Ni una sola de sus afirmaciones absurdas sobre la realidad tiene una esperanza en el infierno de sostenerse ante una corte, y es hora de que dejemos de tratarlas como si se sostuvieran.

Es todo lo que decimos y es todo lo que pedimos. Y el que piense que eso es demasiado agresivo, ya sabe lo que puede hacer. Y si no lo sabe, no tengo ningún problema en decírselo.

Paz.

Idea loca, tiempos locos.»

[Pat Condell: ¿Ateísmo agresivo?]



5 comentarios:

gaia07 dijo...

Sería quizás el momento de llevar a cabo esa deconstrucción del cristianismo y demás deístas, desmontaje de la ficción y con ello de la neurosis mundial y dejar la teocracia con el valor que le corresponde, ninguno.

Empecemos por decir que la vida puede transcurrir dichosa sin la mirada de un “algo” inexistente, solo bajo la nuestra, sus protagonistas. Mucha responsabilidad es cierto, solo cuando la asumamos sabremos si estamos preparados para ella. Más de uno acabará sorprendiéndose.

La evidencia debiera servirnos, pero como el levantamiento de hombros es deporte mundial, utilizaremos cuanto esté a nuestro alcance en ese 93 % que señalas de gestos, posturas y demás expresiones, señalaremos con el dedo índice a los gestos y posturas de estos impostores (aquí me remito a lo dicho en tu post anterior) y generadores de la pulsión de muerte.

Un saludo

Ed. Expunctor dijo...

Afortunadamente el cristianismo y todas las demás religiones ya están deconstruida y destruidas: sus fundamentos no son más que castillos en el aire, y a pesar de todo se mantienen por la inercia y, sobre todo, por la violación que el discurso religioso lleva a cabo en el cerebro de los niños desde que nacen: luego, a la mayoría le resulta imposible comprender, tener una visión mínimamente crítica y consciente de las cosas.

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de creyentes, ante al toma de consciencia de cómo es la realidad, primero tendría una crisis existencia por el inmenso desengaño que supone, y después disfrutaría de una manera excepcional la vida. Gozaría enormemente de la fuerza de existir.

Sigamos apuntando, señalando..., y disparando las evidencias a la cara.

Salud!

Chufowski dijo...

Ed, no sé tú, pero yo de la mayor parte de la gente con la que me relaciono, no tengo ni idea de sin son creyentes o no, ni de que religión profesan, si es que se da tal caso. Ni me imponen su religión ni yo mi ateísmo. No hay nada, de eso. Seguro que habrá quien la religión le haya contaminado o nublado el entendimiento, pero al final creo que se impone el sentido práctico. Como decía El Roto en una de sus viñetas, "la práctica cristiana suele ser inversamente proporcional al tamaño de las cruces (y sale un hombre mirando la cruz del Valle de los Caídos).
La gente puede dárselas de muy cristiana, de ser de misa diaria, y luego en el día a día, hacer todo aquello que le echan en cara a los que no son católicos.
A mí lo que me tira para atrás es cuando veo a Pedro Sanz, nuestro presidente autonómico, ir a inaugurar algún centro acompañado del obispo, que va allí a bendecir la obra, entonces si que me parece que nos encontramos de nuevo en los años cuarenta.

Anónimo dijo...

PESIMOOO!! estoy totalmente desacuerdo contigo, mira lo que hay en tu blog, erecticismo no se que ¿que sucede contig? abre los ojos tu eres la que esta MAL deja de publicar estupideces y piensa un poco mas alla que solo placer, como dice freud , en la vida el hombre solo busca placer. Pero la humanidad todavia no se ha dado cuenta de lo erroneo que esta.

Ed. Expunctor dijo...

--> Anónimo, cuando aprendas a escribir y sepas expresarte vuelves y me lo cuentas. Pareces una traducción automática...