Expuesta, casi fiesta,
casi venus perpetua.
Tu cuerpo se insinúa
de la luz a la sombra,
funámbula en el agua
cálida y tentadora,
pura mujer primera
que bailas la postrera
danza en la piscina.
Quieta, casi desnuda,
apoyada en la esquina,
tan cómoda suspiras
hacia el cielo y me miras
con los ojos cerrados
y con la boca abierta,
hecha toda destellos,
hecha toda planetas
que se mueven despacio
entre luz y entre sombra,
y que ahora se esconden,
y que ahora deslumbran.
29 octubre 2013
27 octubre 2013
Y disputarte celoso a la codicia de la muerte
«Agua quisiera ser, luz y alma mía,
que con su transparencia te brindara;
porque tu dulce boca me gustara,
no apagara tu sed, la encendería.
Viento quisiera ser; en noche umbría,
callado hasta tu lecho penetrara,
y aspirar por tus labios me dejara
y mi vida en la tuya infundiría.
Fuego quisiera ser para abrasarte
en un volcán de amor. ¡Oh estatua inerte,
sorda a las quejas de quien supo amarte!
Y después para siempre poseerte,
tierra quisiera ser y disputarte
celoso a la codicia de la muerte.»
Anhelos, de Francisco Rodríguez Marín (1855-1943).
10 septiembre 2013
Las tres Gracias
En la puerta de Boutique
encontré a las tres Gracias
una noche de verano
cuando los grillos cantaban
sus baladas al amor
y a la belleza sagrada.
No eran estas mujeres
cárites de Grecia clásica,
sino féminas modernas
que sobre un coche recreaban
la imagen que los artistas
de este mito dibujaran,
pero no de pie desnudas,
sino vestidas, sentadas.
encontré a las tres Gracias
una noche de verano
cuando los grillos cantaban
sus baladas al amor
y a la belleza sagrada.
No eran estas mujeres
cárites de Grecia clásica,
sino féminas modernas
que sobre un coche recreaban
la imagen que los artistas
de este mito dibujaran,
pero no de pie desnudas,
sino vestidas, sentadas.
Sus nombres no eran tampoco
Talia, Eufrósine y Aglaya,
ni tenían en sus manos
un velo o una manzana,
y siendo las situaciones
tan distintas por lejanas,
la esencia era la misma,
pues las mismas son las Gracias.
Yolanda, Eulalia y María
son los nombres de estas damas
que jugaban como ninfas
sobre el móvil derramadas
haciéndose algunas fotos
en el Centro de la Fama;
mas Mari, Lali y Yoli
gustan ellas ser llamadas,
sin saber que de esta forma
se evoca a las cortesanas
que adoraban los poetas
de las centurias doradas,
donde Fili, Lisi o Clori
son el centro de alabanzas
por el incendio en que arden
sus ojos como esmeraldas,
sus cabellos como soles,
sus bocas como granadas,
y por cómo les consumen
a los poetas el ánima
con sus silencios glaciales
y su altivez calculada.
Mas ni las cárites griegas
ni las doncellas romanas,
ni las Filis deslumbrantes
ni las Lisis soberanas
alcanzan la cegadora
belleza de estas tres Gracias
de curvaturas modernas
y de miradas ingrávidas
que hipnotizan inconscientes
y me secuestran el alma.
Lali es la morena hembra
que alumbra mis madrugadas
y me sentencia a un destino
de volcanes y de lava:
con el fuego de sus ojos
sin piedad mi ser arrasa,
como un huracán de estrellas
que me enterrase sin pausa
en un abismo de luz
y de lujuria hierática,
y encendiera mis carnales
y mis telúricas ansias
de ser un hombre de barro
que entre sus manos se abrasa.
Yoli es la reina que rubia
ilumina mis mañanas
con la alegría divina
que su melena devana:
sus cataratas de oro
y de pasión desbocada
embotan toda razón
con sus tenaces fragancias,
dejándome a la deriva
en la voluptuosa magia
de sus piernas tentadoras
vestidas con minifalda,
promesas de paraísos
donde el olvido naufraga
y el placer nace puro
y dulce como palabras
que sus labios desbordantes
en susurros pronunciaran.
Mari es la diosa más pura
que mito alguno creara:
su cuerpo hecho de auroras
y de dulces añoranzas,
sus mejillas de relámpagos
y de miel ruborizadas,
sus ojos de mil deseos
y de lascivas galaxias,
sus manos acogedoras
llenas de amor y de
magma,
toda ella un universo
de insomnios y de alboradas
que se expande lentamente
y mi júbilo desgrana,
dejando un rastro de besos
en un sendero de lágrimas
que niega toda agonía
e inunda todo de gracia.
He aquí las tres mujeres
(dos de ellas son hermanas)
que una noche de verano,
mientras la luna soñaba
trazando en el cielo abierto
setenta estelas de plata,
sin saberlo se encarnaron
en las tres míticas Gracias,
pero ahora postmodernas
y más griegas que romanas,
y me hicieron prisionero
entre sus labios de ámbar,
entre sus risas de musas
y entre sus uñas de nácar.
Dejad que solo la muerte
me secuestre enamorada
y me aparte eternamente
de estas tres damas.
Dejadla,
cuando los grillos nocturnos
se olviden de sus baladas.
09 septiembre 2013
Al pie de la letra
Hace once años se enteró de que
reírse prolongaba la vida. Fue una tarde de esas en las que no esperaba nada,
el cielo estaba nublado y pensaba pasársela acurrucado en el sofá viendo alguna
película, tapado con la manta, pero a eso de las cuatro y media lo llamó su
amigo al interfono, Oye, vente a tomarte
un café aquí abajo, que te tengo que contar unas cosas, así que él bajó y,
entre otras muchas cosas, como que Beatriz, la Doctora, que estaba terminando Medicina en
Granada, pensaba especializarse en neurología, o como que a Juanillo, el Rasta, lo habían
visto la semana pasada por Lisboa con su espectáculo de funambulista, o como que Ana, la Vecina, iba a ir a un concierto de reggae el viernes siguiente, de reggae, Edu, de reggae, ya sabes lo que hacen allí, tío, eso le dijo, o como
que Charo, la Fumeta, le había dicho que le preguntase que a ver cuándo la invitaba a tomar unas cervezas, pero que ya sabía, añadió él, que lo de las cervezas era un decir, una excusa para conocerlo mejor, para estudiarte mejor, Edu, ya sabes que te va a estudiar, tío, la Charo es así, eso le dijo; entre
esas y otras muchas cosas, también le dijo que había leído en el periódico que los
científicos de no sabía qué universidad de por ahí, de Inglaterra o Alemania, o de Estados Unidos, habían confirmado que reírse alarga la vida.
—¿Pero cómo…? —Le preguntó pálido, casi incrédulo, a su amigo.
—¡Quién sabe,
Eduar, quién sabe! Pero dicen que puedes vivir no sé cuánto tiempo más según
cuánto y cómo te rías, depende de la duración, la intensidad, la energía, el
timbre, fíjate, a mí se me ha quedado la frase esta: hay una relación directamente proporcional entre el tiempo de risa empleado y el tiempo de vida ganado, ya sabes, terminología científica, tío, pero es así, Edu, la vida es así de
asombrosa.
Y él no salía de su asombro, pues
acababa de tomar consciencia plena de que, riéndose, podría ser inmortal, así
que desde entonces no ha dejado de reírse salvo para lo indispensable: dormir y
comer, pero últimamente se le ha visto comiendo con la boca abierta, o más
precisamente riéndose mientras come, y hay quien afirma que ha aprendido a
hablar en sueños, y que lo que dice le provoca continuas carcajadas.
_______________________________
*Nota.— Quizá piense el lector, dada su inclinación a pensar de esa manera, que
quien afirma que Eduardo ha aprendido a hablar en sueños es alguna mujer con quien haya podido compartir lecho. Se
equivoca el lector. Quienes tal afirman son los vecinos del 5ºB, del 5ºD, del 4ºC
y del 6ºC. Listillo.
07 septiembre 2013
¡No se preocupen!
Tenía una vida
de película, pero de película de Hollywood: fue la chica más popular de su
colegio, la más envidiada de su instituto, la más admirada de su barrio, la más
reconocida en su ciudad y, para mayor gloria, se casó con el médico más famoso
de su país, un cirujano de renombre internacional. No hace falta que
describamos aquí el día de su boda: piense el lector en una boda de película,
pero de película de Hollywood, y se hace una idea. Tampoco es necesario que
digamos nada de su casa ni de sus viajes: el lector puede hacer lo mismo.
Sin embargo, sí
diremos algo del deseo más profundo que albergaba esta mujer en su interior y
que nunca, por un extraño pudor morboso, pudo confesar a su marido, por más que
hoy se ha arrepentido infinitamente de no habérselo contado nunca, porque hoy
es nunca para este ilustre cirujano.
Los primeros
años de matrimonio le obsesionaba la idea, y a veces se descubría esperando que
pasase algo para cumplir con su deseo, hasta el punto de que fantaseaba, por
ejemplo, con que alguien se atragantase durante una comida, y solo ofrecemos
este ejemplo, pues hay otros que harían ruborizar al lector e incluso le harían
espantarse: por consideración a esta mujer, no al lector, no los mencionaremos,
aunque el lector quizá salga beneficiado con esta omisión, siendo esta otra
prueba de cómo un beneficio individual puede repercutir con provecho sobre el
prójimo. En cualquier caso, piense el lector que los primeros quince años de
matrimonio vivió atormentada por esta fantasía mórbida, por este deseo infausto,
por este capricho insano.
Ella deseaba gritar
algún día, a pleno pulmón, en medio de un montón de gente, aquella frase de
película: ¡No se preocupen! ¡Mi marido es
médico!, apareciendo así como una salvadora implacable, como una diva
inmaculada. Pero la ocasión nunca se presentaba, a pesar de los cientos de actos
sociales y eventos públicos a los que asistían.
Hoy, sin
embargo, es tarde. El insigne cirujano falleció hace unas horas y he aquí su
funeral. La familia llora, los amigos lloran, el dolor habita hoy entre
nosotros más que nunca. E, ironía del destino, es hoy cuando un niño que come Lacasitos en el pasillo del tanatorio se
atraganta justo en el preciso instante en que la mujer regresa del aseo, tras
arreglarse un poco después de haber sufrido una explosión de llanto
incontenible. Al ver al niño atragantarse, emitiendo sonidos estertóreos y
agarrándose la garganta con ambas manos; al observar el espanto y el miedo de
la gente que había alrededor, paralizada sin saber qué hacer ante aquel niño cuya cara parecía deformarse por
momentos entre toses y silbidos; fue entonces cuando se acercó corriendo hacia
el niño y a pleno pulmón gritó: ¡No se
preocupen! ¡Mi marido es médico!, pero nada más acabar el grito tropezó y
se derrumbó sobre el niño, que ya se retorcía en el suelo del pasillo, reluciente,
inmaculado, el suelo, no el niño; la gente paralizada todavía, a la espera del
médico anunciado por aquella señora que, arrasada por el llanto más desolador
del mundo, yacía sobre el niño, por cuya boca habían salido disparados como por
un géiser los diecisiete Lacasitos que casi lo matan al atrancarse en su
garganta.
19 julio 2013
Aunque la realidad las contradiga
![]() |
| [José Saramago: As Intermitências da Morte] |
«El estado intentará sobrevivir, aunque dudo mucho de que lo consiga, pero la iglesia, La iglesia, señor primer ministro, se habituó de tal manera a las respuestas eternas que no puedo imaginarla dando otras, Aunque la realidad las contradiga, Desde el principio no hemos hecho otra cosa que contradecir la realidad, y aquí estamos, Qué dirá el papa, Si yo lo fuese, dios me perdone la estulta vanidad de pensarme tal, mandaría poner inmediatamente en circulación una nueva tesis, la de la muerte retardada, Sin más explicaciones, A la iglesia nunca se le pidió que explicase nada, nuestra otra especialidad, además de la balística, ha sido neutralizar, por la fe, el espíritu curioso [...]»
09 julio 2013
Si no tiene tele ni siquiera se entera
![]() |
| [Chimo: La voz de Lila] |
«Yo digo que esto no, no me lo creo. Quemas un autobús, cuatro coches y te cargas una docena de escaparates, pero chico, lo siento, no es la guerra que pensabas. Lo que quemas es lo que te mola y nunca podrás tener. Nunca podrás tenerlo así que lo quemas, está ahí al alcance de la mano pero no en tu mano, hay una pequeña diferencia. Pero si tú te crees que llevas la antorcha que va a incendiar Francia, eres el mosquito que decía le declaro la guerra al elefante, sólo que el gordo de la trompa si no tiene tele ni siquiera se entera.»
08 julio 2013
Tus uñas
Bailarinas tus uñas voluptuosas,
sobre mi carne corren
con sentimientos lúdicos
de caricia o de daga,
pues adentrarse quieren en mi espalda
y amasar, fluorescentes,
cien lascivos deslices
que rastro sean rojo
del magnetismo lúcido que ejercen
en los floridos campos
de mi cuerpo imantado.
Hasta que no puedes más
![]() |
| [Chimo: La voz de Lila] |
«Lo primero es comer, con hambre todo da igual, no piensas en nada y además tampoco es que antes pensaras mucho, no me vengas con rollos y dame eso, dámelo, dámelo, enseguida si no reviento o te reviento a ti, el hambre lo hace ver todo negro y te hace temblar y llorar hasta que no puedes más, y la amistad el amor todo a la basura.»
07 julio 2013
Desnaufragio
Me parece muy bien que te masturbes,
así te desahogas, te desaguas
un poco y desnaufragas,
y navegas tranquila
en la calma profunda;
y digo “desnaufragas” porque rima
con tus bragas, destila
fragancias de nenúfar
y suena a que te salvas.
06 julio 2013
Suicidio, sedición, silencio
Suicidio en el rubor de tus mejillas,
sedición de tu lengua lujuriosa,
silencio en el temblor de tu vagina.
Toda una epifanía el epigrama
que tu cuerpo dibuja entre las sábanas:
No tocar. El placer no tiene nombre.
Mas me llamas, me esperas y me miras.
Un incendio reaviva tus mejillas.
Tu cuerpo ahora parece un silencioso
navío de gemidos tan suicidas…
Acaricias tu rostro, y me miras
tan calma, y me miras tan furïa.
Soy toda tuya -dices en susurros-.
En los mares del sexo oral exijo
infinitos esfuerzos al barquero,
y fatigo su espalda hasta adentrarme
en las santas espumas de las olas.
Remo tu cuerpo al blanco desenlace,
evito la tragedia, los naufragios
sorteo, las tempestades esquivo,
exhausto desemboco entre tus piernas
y me ahogo devoto en tu crecida.
Tu lengua lujuriosa se retira
y regresa a su patria abandonada.
Veneremos las últimas espumas
cuando se extinga el último jadeo.
Silencio
en el temblor
de tu vagina.
05 julio 2013
Esclavizada musa
Acariciar tu piel es como el aire
suave y fresco besándome el cerebro,
embriagado por el perfume ciego
que me anega y subleva más mi sangre
que la lasciva concha de Afrodita
orgasmando inclemente sus deseos
al abrir la lujuria entre los mares:
tu magnético aroma me hipnotiza
y te esclaviza musa entre mis versos.
28 junio 2013
Creencia
Solo creo en el dios
que habita entre tus piernas
y en sus sabios milagros:
convertir tus gemidos
en tenaces orgasmos.
26 junio 2013
¿El amor?
El amor es un atentado contra la salud y contra el orden público, contra las buenas costumbres y contra el conformismo.
El amor es un crimen contra la razón y contra las expectativas comunes.
El amor es un delito invertebrado.
El amor es amoral.
El amor es un holocausto de neuronas, un genocidio de propósitos, una inmolación de planes previos.
El amor es una pesadilla de serpientes que nace de los dedos y que la mirada difunde en forma de pez tranquilo, de paz serena.
El amor es un huracán de deseos monotemáticos con un ojo de enfoque único e intransferible.
El amor es incontenible y acariciable, y tiene nombre propio, y literario.
25 junio 2013
Amorirse
Amorirás entre mis brazos amorísticamente:
amorable tú
entre todas las vírgenes que amortizan su amor lanzándose
sin amortiguadores al vacío más crepuscular;
amorosa tú,
que te amordazas con mis manos
amoratadas por tus bocados,
que te amortajas con mi cuerpo
expansivo en creciente
y amorgasmas entre mis brazos
amoríficamente.
24 junio 2013
Incertidumbre indeterminada
Yo no sé
adónde iremos,
cuánto camino
vamos a cubrir juntos,
cuánto tiempo nos atará el anhelo,
la intriga más curiosa,
el más íntimo empeño.
Yo no sé
cuándo acaba una musa,
ni cuándo muere un poeta,
tan solo sé que ahora
riges mi pensamiento, y lo raptas:
de tal secuestro nace mi sonrisa,
y tu mirada nace
donde yace el deseo.
23 junio 2013
El silencio más fino
Los amorosos
(Jaime Sabines)
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
(Jaime Sabines)
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
Tendrá que gustarle
17 junio 2013
Nunca de antemano
![]() |
| [José Saramago: Ensayo sobre la ceguera] |
«Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas, hay que esperar, dar tiempo al tiempo, el tiempo es el que manda, el tiempo es quien está jugando al otro lado de la mesa y tiene en su mano todas las cartas de la baraja, a nosotros nos corresponde inventar los encartes con la vida, la nuestra [...]»
16 junio 2013
Compañía de algas
El arte no se crea,
eres tú a quien Arte crea siempre,
y te crea imperfecto, no presente
ni ausente, solo
indicios de verdad que desconoces,
aunque a veces te asedien intuiciones...
Pero en instantes breves desvanécense,
y crees que al escribir tú creas,
cuando en realidad eres tú el creado
por la escritura, la creadora
a la que alabas y adoras
cuando te quedas sin nada,
eterna compañía
de inevitables algas procelosas
donde morir es un placer
y vivir, agonía.
eres tú a quien Arte crea siempre,
y te crea imperfecto, no presente
ni ausente, solo
indicios de verdad que desconoces,
aunque a veces te asedien intuiciones...
Pero en instantes breves desvanécense,
y crees que al escribir tú creas,
cuando en realidad eres tú el creado
por la escritura, la creadora
a la que alabas y adoras
cuando te quedas sin nada,
eterna compañía
de inevitables algas procelosas
donde morir es un placer
y vivir, agonía.
15 junio 2013
Disyuntiva amorosa
El amor plantea una disyuntiva
en su concepción: aceptar al otro
completo, con sus vicios
y virtudes, afectos y defectos,
o buscar lo intermedio
a través de renuncias y renuncios.
El amor, en su expresión más sublime,
reside en la aceptación del otro
sin plazos y sin treguas.
Cuando el amante exige
al amado que renuncie
a una de sus uñas,
o viceversa,
quizá precisa de una versión nueva
que satisfaga sus nuevos deseos.
¡Oh, amado/amante, tras la renuncia
última actualizado,
qué pronto vas a quedar obsoleto
de nuevo, con la árida esperanza
del yacer, tras cuántas otras renuncias,
inmóvil en la órbita cementerio!
en su concepción: aceptar al otro
completo, con sus vicios
y virtudes, afectos y defectos,
o buscar lo intermedio
a través de renuncias y renuncios.
El amor, en su expresión más sublime,
reside en la aceptación del otro
sin plazos y sin treguas.
Cuando el amante exige
al amado que renuncie
a una de sus uñas,
o viceversa,
quizá precisa de una versión nueva
que satisfaga sus nuevos deseos.
¡Oh, amado/amante, tras la renuncia
última actualizado,
qué pronto vas a quedar obsoleto
de nuevo, con la árida esperanza
del yacer, tras cuántas otras renuncias,
inmóvil en la órbita cementerio!
Aún está por nacer
14 junio 2013
Legítima incertidumbre
No sé si llamarte
o llamearte,
ni sé si arañarte
o añorarte,
ni siquiera sabría
si cogerte
o soltarte,
pero en un momento incongruente
soy una legítima contradicción,
soy una incertidumbre coherente.
-------------------------------------------------
Nota
a fin de verso:
v. 1:
Cuando no estás.
v.
2: Cuanto te acercas.
v. 3:
(Aquí vive la lujuria.)
v.
4: (Aquí habita un error.)
v.
5: En este instante.
v.
6: Salvajemente.
v.
7: Con una dulzura infinita.
v.
8: Como ese, como aquel, como este.
v.
9: (Quítate el pantalón.)
v.
10: (La televisión sigue encendida.)
13 junio 2013
Como la ceniza
Pues resulta que quiero
vivir bajo tu lengua,
en una madriguera
cálida y esponjosa
para oler tus pulmones
cuando me ponga
romántico, y suicidarme
colgándome del borde mismo
de tu ventrículo siniestro.
También realizaría
una expedición sin igual
y sin posibilidad de retorno
al centro geográfico
de tu cerebro,
donde cultivaría
tentativas de amor
hasta que un rayo me partiera;
mas no por ello partiría
a lo más hondo de tu hígado
para revolverte la bilis
y los recuerdos,
sino que simplemente
me marcharía
como se va el olor, el tiempo
o la ceniza.
vivir bajo tu lengua,
en una madriguera
cálida y esponjosa
para oler tus pulmones
cuando me ponga
romántico, y suicidarme
colgándome del borde mismo
de tu ventrículo siniestro.
También realizaría
una expedición sin igual
y sin posibilidad de retorno
al centro geográfico
de tu cerebro,
donde cultivaría
tentativas de amor
hasta que un rayo me partiera;
mas no por ello partiría
a lo más hondo de tu hígado
para revolverte la bilis
y los recuerdos,
sino que simplemente
me marcharía
como se va el olor, el tiempo
o la ceniza.
12 junio 2013
Blanco epitafio
Es el asma del cuerpo, es el asma del alma;
es la blanca fisura de mis tráqueas etéreas;
el chirriante desgarro de mi pulmón profundo,
mi ser crucificado y enterrado en agua
con alambres de esperas y lápidas de nada;
es mi confianza ciega vulnerada, en sangre
blanca empapada, llena de puñales y balas;
es mi fe en lo eterno quemada, destruida;
la muerte de la idea que era ya materia
soldada a mis entrañas;
entonces, sólo cáncer
que con sus uñas blancas destripa mi cerebro
izquierdo y tremolante y a un silencio helado
me sentencia, a un blanco y brillante epitafio.
es la blanca fisura de mis tráqueas etéreas;
el chirriante desgarro de mi pulmón profundo,
mi ser crucificado y enterrado en agua
con alambres de esperas y lápidas de nada;
es mi confianza ciega vulnerada, en sangre
blanca empapada, llena de puñales y balas;
es mi fe en lo eterno quemada, destruida;
la muerte de la idea que era ya materia
soldada a mis entrañas;
entonces, sólo cáncer
que con sus uñas blancas destripa mi cerebro
izquierdo y tremolante y a un silencio helado
me sentencia, a un blanco y brillante epitafio.
11 junio 2013
Donde el dolor palpita
Aquí palpita el blanco dolor encadenado,
inconcluso lamento que deshizo tu rostro
con sus surcos de espanto, quemó la sacra casa
donde tu alma guardaba sus amadas reliquias,
diez mil púas de erizo en tu pupila virgen
y un sacrilegio ciego que al olvido condena
tu hermosura de asfixia blanca ya caducada;
aquí, brillando, blanco dolor, encadenado
a tu lengua, constriñe tu corazón inquieto
y aprisiona tu cuerpo con su garra invisible,
te bloquea la mente, martiriza tu verso,
aprieta tu garganta, adereza con clavos
esas tristes comidas que no se precipitan
a un estómago vivo, sino a un abismo pálido
que se seca sin tregua, se reseca sin pausa
y se repliega blanco hasta yacer exhausto.
Aquí dolor palpita infinito e informe:
ingrato pajarraco, obsceno y maldito,
exhibiendo tus plumas de eterna y blanca ausencia,
cacareas mis ruinas, festejas mi tragedia,
degüellas mi pupila y anidas en mi entraña.
inconcluso lamento que deshizo tu rostro
con sus surcos de espanto, quemó la sacra casa
donde tu alma guardaba sus amadas reliquias,
diez mil púas de erizo en tu pupila virgen
y un sacrilegio ciego que al olvido condena
tu hermosura de asfixia blanca ya caducada;
aquí, brillando, blanco dolor, encadenado
a tu lengua, constriñe tu corazón inquieto
y aprisiona tu cuerpo con su garra invisible,
te bloquea la mente, martiriza tu verso,
aprieta tu garganta, adereza con clavos
esas tristes comidas que no se precipitan
a un estómago vivo, sino a un abismo pálido
que se seca sin tregua, se reseca sin pausa
y se repliega blanco hasta yacer exhausto.
Aquí dolor palpita infinito e informe:
ingrato pajarraco, obsceno y maldito,
exhibiendo tus plumas de eterna y blanca ausencia,
cacareas mis ruinas, festejas mi tragedia,
degüellas mi pupila y anidas en mi entraña.
10 junio 2013
Invertebrada
Aguardando que la furia te invada
y seas finalmente toda magia,
mujer invertebrada,
serpiente de lujuria
o espada
que me asaltas.
09 junio 2013
Te quemaría las entrañas
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| [Hjalmar Söderberg: Doctor Glas] |
«No busques la verdad: no la encontrarás y te perderás tú mismo. No debes preguntar. La suma de verdad que te es útil se te da de balde; viene mezclada con error y mentira, pero es por tu bien, ya que en estado puro te quemaría las entrañas. No intentes purgarte el alma de mentiras, porque con ellas se irán muchas otras cosas en las que no has pensado, y quedarás vacío de ti mismo y de todo lo que es valioso para ti. No debes preguntar.»
Un constante y penoso y ofensivo recuerdo
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| [Hjalmar Söderberg: Doctor Glas] |
«No, las estrellas no pueden congratularse de que gozan de la popularidad de antaño. Mientras se creía que el destino dependía de ellas, se las temía pero se las quería y adoraba. Y cuando éramos niños, desde luego, todos creíamos que eran bonitas lucecitas que Dios encendía para divertirnos, y que nos guiñaban el ojo a nosotros. Pero ahora que sabemos algo más de ellas, nos están resultando un constante y penoso y ofensivo recuerdo de nuestra insignificancia.»
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